DEFENSAS DE CONIL: LAS TORRES VIGÍA DE LA COSTA

 Antonio Santos García

 Historiador y Profesor de Secundaria

   

<carta esferica>

Carta esférica de 1787, con el tramo costero entre S. Petri y Trafalgar

   Las torres vigía, torres de marina, almenaras o guardas de la costa son torres exentas y aisladas, que se ubican en el litoral o su área de influencia y que tenían como función primordial la vigilancia marítima y la transmisión de señales, aunque pudieron también ejercer funciones disuasorias mediante piezas artilleras menores. Su origen puede ser regio (exigencia de la Corona) o señorial, a menudo asociado a las pesquerías. Las torres de planta cuadrada con más de un piso son típicamente señoriales, mientras que las mandadas ejecutar por el rey siguen diseños estandarizados y son de planta circular.

   En la provincia de Cádiz, durante la etapa musulmana, no existió una red costera de atalayas conectadas entre sí. El formidable dispositivo de fortificación de la costa suratlántica y mediterránea arranca del siglo XVI, motivado por el lamentable estado de despoblamiento y desprotección de las zonas litorales, y culmina a comienzos del siglo XVII, aunque algunas de las torres se construyeran con posterioridad. Tras la Guerra de la Independencia dichas torres quedaron fuera de uso, sirviendo sólo de refugio de carabineros y pasaron a engrosar el patrimonio del Estado.

   Las vigías de Conil estaban ya todas construidas a fines del siglo XVI. Bravo de Laguna, comisionado por el rey Felipe II para comprobar el estado de las defensas costeras, recorrió en 1577 el litoral entre Gibraltar y Ayamonte. En su informe señala que Conil tiene “una fortaleza hacia la parte de la mar, con una torre de homenaje fuerte y buena (Torre de Guzmán), y un baluarte a la parte de la mar (la torre de la Vela), con cuatro piezas de artillería de bronce muy buenas; es muy mal sitio para defenderse, por los padratros (sic) que tiene; la cerca (muralla) es razonable para batalla de mano... guárdase, como Tarifa, por campana y velas; tiene recaudo de pólvora y pelotas para la artillería...”. A continuación relaciona la gente de guerra de Conil: 55 jinetes, 143 arcabuceros, 44 ballesteros y 119 piqueros, es decir, 351 personas sobre una población de 400 vecinos, de los que sólo estaban presentes 237 en el momento del alarde. Estamos, pues, ante una población militarizada, de frontera.

   Más adelante añade que la “torre de la fortaleza de Conil se comunica en almenaras (fuegos) y ahumadas con las torres de la parte de levante y de poniente, porque ni más ni menos hice hacer almenara allí para poderme enterar dello, y respondieron las dichas torres muy bien”. De aquellas torres quedan hoy tres, pero llegó a haber hasta cinco en el término de Conil: Castilnovo al sur de la población, y varias al norte de la villla: la Torre Atalaya, la Torre Blanca, la Torre de Roche y la Torre del Puerco, en el límite del término con Chiclana. Salvo esta última, todas ellas aparecen en un interesante plano de 1724 del Archivo ducal de Medina Sidonia (reproducido en la portada del Boletín La Laja, nº 2) o la Carta esférica de Marina de 1787.

   Las torres desaparecidas de la Atalaya y la Torre Blanca pueden verse en el famoso grabado de Hoefnagle, que visitó Conil pocos años antes que Bravo de Laguna. El texto que lo acompaña, escrito por G. Bruin, después de explicar la función de la Torre Atalaya (avistar atunes de día) habla de otra torre próxima, la Torre Blanca, frente a las Tres Piedras, dedicada a la vigilancia nocturna: 

   “Durante la noche se apostaba en ella un vigía ante la llegada de turcos, moros y otros enemigos; con señales de fuego usuales en toda esa zona de España avisaba a los vigías colocados en las atalayas próximas de la llegada de un enemigo y éstos a su vez a otros, por lo que luego las ciudades vecinas, en espacio de tiempo muy breve, se enteran de que han de estar en guardia y vigilar”. 

   Además de los guardas fijos, dos o tres por torre, destacamentos de caballería recorrían la costa con fines de enlace y reconocimiento. Estas fuerzas, fijas y móviles, estaban bajo el mando del Duque de Medina Sidonia, señor de Conil desde 1299 y Capitán General del Mar Océano y Costas de Andalucía desde 1588. Caso de producirse un desembarco enemigo de importancia, se alertaba a las milicias de los pueblos próximos, para que prestasen ayuda.

   A continuación pasamos a tratar de las torres conservadas en nuestra costa, siguiendo un esquema prefijado: situación, historia, descripción y estado actual. Para terminar, haremos unas breves consideraciones sobre la problemática y la oportunidad de su conservación.

   LA TORRE DE CASTILNOVO está situada en el Prado, a unos 2 km de Conil por la parte sur, enclavada en una zona aún virgen de gran riqueza biológica, por ser sitio donde entran en contacto la costa, la marisma y los pastizales. Dista del mar unos 100 ms y tiene una altura de algo más de 15.

   Su construcción es de la primera mitad del siglo XVI. Según Bravo de Laguna fue mandada hacer por el duque de Medina Sidonia en las cercanías de la torre de Conilejo, “antigua y maltratada, sin escalas ni puerta, y rota”, situada a levante. Castilnovo es una torre “de gran altura, para descubrir los atunes, con una pieza de artillería en ella, y ésta sirve de atalaya, y por esta causa se han descuidado de la otra... y responde a la de Meca con almenara y ahumadas, como lo hacía la de Conilejo; tiene un cercado alrededor de sí, en que se pueden acoger los que andan en servicio del almadraba”. Y concluye señalando que junto a esta torre hizo el duque “algunas casas de bóveda para recogerse los mercaderes y los que trajeren bastimentos”. 

   Así pues, Castilnovo poseía una doble función: era torre vigía de la costa y también atalaya para la almadraba de vista que se caló en dicho paraje durante el siglo XVI, sin continuidad, y durante los primeros años del siglo XVII. La pequeña fortaleza tenía alcaide, con voz y voto en el cabildo, y así fue hasta mediados del siglo XVIII, cuando el maremoto de 1755 destrozó el recinto, del que sólo quedaría en pie la torre. La fuerza del mar causó estragos en la parte baja de Conil, dañando la Chanca del Duque, y las aguas invadieron el Prado, el Torno y la Vega de la Dehesa, junto al río.

   Se trata de una torre de planta cuadrada, a la que se accede por escalera de piedra adosada al muro, por la parte opuesta al mar. Está labrada con piedra ostionera, trabada con mortero de cal, reforzándose sus cuatro esquinas con sillares. Exteriormente se compone de dos cuerpos de similares dimensiones perforados por mechinales y separados por imposta, más un parapeto para la defensa en su terrado o azotea. En la parte que mira al mar hay abiertos en el muro tres vanos, el central de mayor tamaño, y posee además una espadaña en su terrado, cuya campana quizás sirviese para llamar a rebato y también al servicio de la pesquería. El acceso a la torre está en el cuerpo inferior y a escasa altura, por encontrarse dentro de la fortificación.

<torre castilnovo>

Torre de Castilnovo, con Conil al fondo.

   En el interior se adivina la existencia de forjados a diferentes niveles, a los que se accedía por el hueco de escalera, de sección circular, situado a la izquierda de la entrada. Actualmente no existen ni forjados,  ni escalera, ni terrado. Todavía es reconocible el perímetro de la fortaleza, en torno a un patio de forma rectangular, con doble muro o estancias adosadas, perfectamente reconocibles a nivel de suelo, con algo más de medio metro de altura en uno de sus lados. Existen, además, en las proximidades ruinas de otras viejas construcciones.

   La torre de Castilnovo pertenece al Ministerio de Defensa, y se encuentra en estado de lamentable ruina y abandono, aunque según la ficha de Bienes Culturales no se aprecia en ella desperfecto que haga suponer fallo en la cimentación. La cercanía al mar y el ambiente agresivo ha degradado los morteros de unión. En el lado de la entrada se ha desmoronado la fábrica de mampostería formándose dos grandes vuelos, uno sobre la misma puerta y otro en el segundo cuerpo de la torre, que tiene otro hueco abierto a levante. Desde 1987 existía proyecto de consolidación, y en fechas recientes ha sido colocado un dado de hormigón en su base ruinosa y carcomida, al objeto de evitar su caída. Pero dicha actuación se revela claramente insuficiente, siendo precisa una intervención decidida y urgente de restauración y excavación arqueológica, al objeto de evitar el desplome de la torre, recuperar el trazado perimetral de la fortaleza y sus dependencias, dentro y fuera del recinto. Todo ello contribuirá sin duda a poner en valor esta zona privilegiada de nuestro litoral, enriqueciendo su conocimiento histórico y etnológico.

   LA TORRE DE ROCHE está situada en el extremo de la plataforma pliocénica de Cabo Roche, al borde del acantilado, a espaldas de una masa de pinos de repoblación y flanqueando al oeste el muelle pesquero. Su privilegiada posición domina desde Sancti Petri hasta Trafalgar, y su correspondencia de señales era con la Torre del Puerco y con la Torre Blanca (desaparecida). Tiene unos 10 ms de altura, dista 20 del mar y la altura del terrado sobre el nivel de las aguas es de 36 ms.

   Según Bravo de Laguna “es muy buena torre, grande y fuerte... y está en medio de dos calas, y hanse de poner en ella dos piezas de artillería con que guardará las dichas calas, que no entre navío ninguno en ellas, ni hagan aguada en un arroyo de agua dulce que entra en una dellas (el río Roche). Esta habrá un año que la hizo hacer el Duque de Medina Sidonia, viendo la necesidad que había della, y por no estar acabada del todo no se ha puesto la artillería. Es gran seguridad del daño que podrían hacer a Conil, en el término del cual está, y a Chiclana...”. Fue construida, pues, con posterioridad a la de Castilnovo, hacia 1575-76, por lo que no aparece en el grabado de Hoefnagle, aportando el duque 100 ducados y el pueblo de Conil el exceso; su edificación resultó barata, pues fue levantada en suelo firme y con materiales a pie de obra. Sólo esporádicamente se dotó de una pieza de calibre corto, pues dada su ubicación elevada sobre el nivel del mar, sus fuegos serían inútiles una vez que el blanco requiriese tiro deprimido. En 1616 se informa que debía contar sólo con una guarnición de tres guardas y ningún artillero. Tras la Guerra de la Independencia estaba abandonada, y poseía un cuerpo de guardia anejo con capacidad para 16 hombres, que todavía puede contemplarse junto a la torre.

<torre>

Se trata de una torre prismática, con alambor e imposta a 2/3 de su altura, desprovista de más vano que la puerta-ventana, en la fachada opuesta al mar, la cual da acceso a la planta alta, constituida por una sola estancia cubierta con bóveda vaída, en cuyo suelo se abre una trampilla que comunica con un piso inferior de bóveda de cañón perpendicular a la fachada principal. La subida al terrado se practicaba mediante escala retráctil que desemboca en una garita sobre el eje de la puerta. La merlatura se soluciona con dos troneras artilleras por fachada. La fábrica predominante es de mampostería horadada por mechinales de obra, sillares judaicos esquineros, y plementería latericia en bóvedas. El cuerpo de guardia anejo, todavía en pie, consiste en una casa de planta cuadrada, contruida con ladrillo y mampuesto, con mortero de cal, y está cubierta a cuatro aguas con teja.

La torre fue restaurada en 1986 por el MOPU. El estado de conservación previo a su restauración era aceptable o bueno, y no presentaba problemas de estabilidad. Al ubicarse alejada del núcleo urbano, se vio afectada por arrimos, adosándose cobertizos y cochineras en la cara norte (hoy en el cuerpo de guardia), rompiendo el muro a nivel del suelo para acceder a la estancia inferior de la torre, que tabicaron interiormente. Estaba ya perdida la carpintería, forjados intermedios, y parcialmente los revocos interiores y exteriores.

<faro roche>

T. de Roche, faro, antenas y pintadas

  Las actuaciones de restauración y reutilización no han sido afortunadas. La razón es que ni en el proyecto ni durante la ejecución de las obras se contó con el concurso de un arqueólogo, pese a que estaba prevista la supervisión de personal especializado. Dicha ausencia, alentada por la escasa protección legal de las torres vigía, pone de manifiesto un hecho: de nada sirven las leyes de protección del patrimonio si no se emplean los medios y personas adecuadas, control que, por otra parte, permitiría en ocasiones refrenar el narcisismo efectista de algunos arquitectos. Esto ha llevado a dislates tales como creer que la torre era de origen “cartaginés”, a confundir mechinales de obra con “aspilleras de mosquetería” y, principalmente, a enfoscar de cemento los muros de la torre y pintarlos con un inolvidable tono amarillo, dándole el aspecto de una torre moderna que imita en su forma a otra antigua. Su reutilización como faro es muy discutible, pues ha condicionado la restauración y ha alterado el aspecto de la torre con la adición de la linterna o faro, de cuidado diseño “modernista”, con cúpula de bronce que descansa sobre pilares y rematada por una veleta.

   También son impactantes los dos tubos de escape del motor de emergencia de gas-oil que asoman por uno de los mechinales o el cableado en la fachada norte.

   En fin, ha habido también, sin duda, aspectos positivos: el restaurador colocó una escalera de acceso retráctil, tapiando la puerta que se había oradado a nivel de suelo, con escrupuloso respeto a la función defensiva de la torre. Los materiales usados fueron de primera calidad, reponiendo toda la carpintería en acero inoxidable; y la puerta blindada se forró de tablas de madera.

   Decir, para terminar, que e n los últimos años, el enfoscado de cemento se ha ido llenando de grafismos: “Joaqui, tus amigos y tu novia no te olvidan. El amor verdadero es para siempre” (renovado periódicamente), y otras pintadas menos explícitas. La instalación de grandes antenas en las proximidades de la torre contribuye a afear este paraje incomparable de nuestra costa.

   LA TORRE DEL PUERCO está situada al borde mismo del acantilado, en la Loma del Puerco, divisoria de los términos de Conil y Chiclana, dominando las playas de El Puerco y La Barrosa. Está enclavada en una zona de rica vegetación entre la que destacan los enebrales costeros. Tiene unos 7 ms de altura y algo más de 20 sobre el nivel del mar, del que dista 50 ms. aproximadamente.

   Estaba ya construida en el siglo XVI, pues Bravo de Laguna la pudo visitar en 1577, denominándola como Cabeza del Puerco, aunque sólo dice de ella que era de planta circular, como todas las torres entre Conil y Chiclana a excepción de la de Roche. Su correspondencia de señales era con ésta a levante y con la Torre Bermeja a poniente. En 1811 fue testigo de la Batalla de Chiclana, entre tropas angloespañolas y francesas durante la Guerra de la Independencia, librada entre la Torre del Puerco y la Bermeja, próxima a Sacti Petri. Durante el siglo XIX sirvió como atalaya para atunes y jábegas, habiendo en sus proximidades restos de una pequeña chanca. Recientemente, los intereses especulativos han rescatado del olvido la torre, que ha sido objeto de polémica y disputa entre los ayuntamientos de Conil y Chiclana, que la reclamaba como perteneciente a su término municipal. Pero deslindes efectuados en siglos anteriores demuestran que la torre se sitúa como primer mojón de la divisoria de ambos términos.

<torre del puerco>

Estado actual de la Torre del Puerco

   Se trata de una torre de planta circular y corto diámetro, levantada sobre plinto, con fábrica de mampostería de piedra y mortero de cal. 

Su único ornamento es una imposta o cornisa que separa el parapeto de su terrado del resto del cilindro. A su puerta-ventana, situada a media altura y opuesta al mar, se accedería por escalera retráctil. El interior tiene una pequeña estancia abovedada, sin más ventilación que la entrada y el hueco de acceso a la terraza.

   Los revestimientos de cal, parcialmente desaparecidos, han dejado la piedra suelta en numerosas partes, desprendiéndose parcialmente en torno a la puerta de acceso y agrandando su hueco. 

Ha perdido también parte del parapeto, y se halla agrietada en uno de sus lados, lo que pudiera afectar a su estabilidad. La saturación de construcciones hoteleras y residenciales de la Loma del Puerco -y lo que está por venir- ha servido para que las autoridades se fijen en esta torre, cuyo creciente deterioro exige una obra de consolidación y restauración, además de una normativa restrictiva para que las edificaciones no terminen por ahogar esta sencilla torre almenara, respetándole un entorno decente.

   El interés de su conservación .- Las torres vigía no pueden ser tipificadas como las piezas más destacadas de nuestro patrimonio, ni parangonarse con los grandes conjuntos monumentales, pero su valor arquitectónico no estriba en su severa simpleza individual, sino en el significado histórico del vasto sistema defensivo en el que se articulan, desde la frontera de Portugal hasta Francia. No olvidemos que muchas veces el verdadero patrimonio edificado no está en la suma de elementos individuales, más o menos valioso, sino en el conjunto interrelacionado que forman. La Carta de Venecia (1964) define como monumento histórico no sólo las grandes obras, sino también aquellas otras más modestas que con el tiempo han adquirido significado cultural, como es el caso de las torres almenaras del litoral, de gran diversidad tipológica.

   Estas torres, altamente funcionales en su momento, han sobrevivido al tiempo, y desde el cese de su actividad se han visto sometidas a constantes agresiones de muy diversa índole (secular proceso de degradación impuesto por las intensas agresiones antrópicas y ambientales propias de un medio antaño hostil y hoy atrayente) que han llevado a la mayoría de ellas a la ruina. 

   Las torres costeras no están sujetas a la especial salvaguarda establecida para los castillos por el Decreto de 1949, aunque sí se las considera parte del patrimonio histórico (Leyes 16/1985 de Patrimonio Histórico Español y 1/1991 de Patrimonio Histórico de Andalucía). No obstante, no suelen estar tipificadas como “monumento” ni declaradas BIC. La Torre de Roche es una excepción, pues fue declarada BIC en 1993 ( Resolución de 22/06/93 de la Dirección General de Bellas Artes y Archivos del Ministerio de Cultura, pendiente de delimitar entorno ), junto con la desaparecida de Conilejo (¡?), por lo que está inscrita en el Registro General del Patrimonio Histórico Español. ¿Por qué no lo están las demás y, sobre todo, Castilnovo?. Al no estar tipificadas, estas edificaciones son más susceptibles de ser maltratadas, por falta de atención, reutilización traumática o restauraciones inapropiadas. ¿Por qué no proteger también algunos de los numerosos bunkers costeros de hormigón armado que, desde los años 40, jalonan la costa, también en irreversible proceso de deterioro?.

   Dice Rodrigo Valdecantos que hay que sacar provecho de la coyuntura política, social o económica, para rehabilitar o restaurar piezas de nuestro patrimonio arquitectónico, pero nunca por cualquiera, a cualquier precio y de cualquier manera. El anunciadoPlan andaluz de intervención sobre Arquitectura Defensiva podría significar esa oportunidad para el rico patrimonio de Conil. Está previsto confeccionar una base de datos pormenorizada, con fichas detalladas, previas a la realización de las intervenciones que se estimen necesarias, de cara a la conservación y restauración de dicha arquitectura militar. El Plan se ha incluido en los presupuestos para 2004 y tiene previstos acuerdos con los Ayuntamientos.

   LA LAJA quiere con este artículo contribuir a esa base de datos y ha puesto en conocimiento del Ayuntamiento de Conil (15 de enero de 2004) la existencia de dicho Plan, tendente a la recuperación de castillos, torres y lienzos de muralla. Nuestra Asociación ve en él una interesante iniciativa. Conil tiene que estar dentro del programa, y no quedarse fuera, por desconocimiento o desidia, como otras veces ha ocurrido. De ello podría depender la recuperación de monumentos emblemáticos de nuestra localidad, como el Castillo y Torre de Guzmán (mal restaurado), los restos de la muralla (en peligro de desaparición), las torres de Castilnovo (ruinosa), Roche (mal restaurada) y El Puerco (también ruinosa). Recientemente hemos reiterado la necesidad de una actuación urgente en Castilnovo, la más valiosa y monumental de nuestras torres costeras , y hemos elevado a la Delegación de Cultura de Cádiz copia de este artículo, para poner en su conocimiento la riqueza de nuestro patrimonio arquitectónico-defensivo, su situación actual y solicitar actuaciones urgentes encaminadas a su restauración y mejora.

BIBLIOGRAFÍA:

BRUIN, G. y HOEFNAGLE (1564): Civitats Orbis Terrarum. Conil.

BRAVO DE LAGUNA (1577): Relación para su Magestad de lo que Luis Bravo de Laguna ha hecho desde la villa de Tarifa hasta Puerto Real, en “El viaje de Luis Bravo de Laguna y su proyecto de fortificación de las costas occidentales de Andalucía de Gibraltar a Ayamonte”, por Hipólito Sancho de Sopranis (1957). Archivo del Instituto de Estudios Africanos, Año X, nº 42, pp. 23-78.

SANTOS GARCÍA A. y VELÁZQUEZ-GAZTELU, F. (1988): Conil de la Frontera. Diputación de Cádiz.

VALDECANTOS, Rodrigo (1994): La reciente restauración de torres de vigía en el litoral gaditano: del respeto ocioso al utilitarismo mixtificador. Estudios de Historia y Arqueología medievales, X. Universidad de Cádiz, pp. 257-307.

GONZÁLEZ UREBA, F (1996): “El maremoto de Conil de 1755”, Boletín nº 3 de la Sociedad Vejeriega de Amigos del País, pp.5-7, y “La Torre del Puerco: historia y actualidad” (1997), Revista de Feria, Conil.

   

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