CONIL Y LA JANDA LITORAL EN LA PREHISTORIA

   Antonio Santos García

   Historiador

  “Tan sólo se respeta aquello que se conoce” - I. Vargas

Desde comienzos del siglo XX era conocida la riqueza dolménica y de pinturas pos-paleolíticas del entorno de la Laguna de la Janda y también que esta comarca estuvo poblada desde épocas muy antiguas. Gracias a los trabajos realizados en los últimos años por un equipo de investigadores de la Universidad de Cádiz (Proyecto de investigación “La ocupación prehistórica de la campiña litoral y banda atlántica de Cádiz”, dirigido por D. José Ramos Muñoz) vamos llenando poco a poco el vacío de información. Se han realizado sólo prospecciones superficiales, pero ello ha permitido documentar la riqueza de yacimientos prehistóricos en la Janda Litoral. Ahora sabemos que su ocupación humana data al menos de 300.000-200.000 años y tiene continuidad durante toda la prehistoria.

 1. LA ÉPOCA DE LOS CAZADORES-RECOLECTORES

El Paleolítico es la etapa más larga de la historia, en la que se produce la aparición y evolución del hombre. En la actualidad conocemos en la Janda Litoral una docena de yacimientos arqueológicos de esta etapa, sin restos humanos asociados. En general, las sociedades cazadoras-recolectoras del Pleistoceno tienen una economía depredadora, con tecnología que no sobreexplota el medio natural. Se trata de sociedades igualitarias, agrupadas en “bandas”, con un modo de vida nómada y distribución de tareas por sexos y edades.

Los primeros homínidos salieron de África hace más de un millón de años, para unos el homo ergaster, para otros el homo antecesor (de Atapuerca); otros siguen llamándolo homo erectus (aunque debemos considerar a éste último su ascendente africano). Probablemente nuestros antepasados entraron a Europa no sólo por Oriente sino a través del Estrecho de Gibraltar (los yacimientos de la depresión de Guadix-Baza, Granada, superan el millón de años). En nuestra comarca su presencia sólo está documentada desde hace unos 250.000 años. La movilidad de estos grupos humanos del PALEOLÍTICO INFERIOR es bastante restringida y sus instrumentos están vinculados principalmente al “despiece” de animales. Se trata ya de hombres carnívoros pues, además del continuado aprovechamiento de los recursos vegetales, practicaron el carroñeo o la caza. Su aspecto es ya más moderno, dominan el fuego y viven en torno a puntos de agua (ríos, lagunas...) en condiciones naturales o medioambientales benignas (clima templado, con cortos períodos fríos o glaciales).

En la Janda Litoral los yacimientos son de tres tipos: en terrazas aluviales (ríos Salado, Barbate y Almodóvar), depresiones lacustres (entorno de la laguna de la Janda) y formaciones costeras. Desde el Pleistoceno Medio se multiplican los instrumentos de trabajo de tecnología Achelense (bifaces, raederas, cuchillos de dorso, raspadores), hechos con materias primas locales (guijarros). Se conocen varios yacimientos en Conil (El Puntalejo, Cerro Jandilla) y Barbate (Playa de los Bancos, Caños de Meca, Fuente del Viejo o Virgen de la Oliva).

Bifaces achelenses

Puntas de flecha y otros útiles solutrenses

Con el Neandertal u homo neanderthalensis comienza el PALEOLÍTICO MEDIO (100.000-25.000). Estamos ante un hombre ya plenamente moderno, con preocupaciones espirituales y conciencia social, que consolida el modo de vida cazador-recolector. En esta época existió ya, sin duda, una ocupación social del territorio. Los neandertales pervivieron en el centro y sur de la Península Ibérica hasta hace 25.000 años, conviviendo durante varios miles de años con el hombre actual.  

En esta etapa continúa la ocupación de la banda atlántica en los acantilados costeros de Conil y Barbate o en las terrazas de los ríos. En los útiles predomina ahora el sílex (procedente de la Subbética),  frente a las materias primas locales, lo que nos habla de la mayor movilidad de estas bandas. Sus herramientas están asociadas a la caza (puntas musterienses) y a las actividades domésticas (raederas, raspadores, denticulados...). Se conocen varios yacimientos de tecnología musteriense en Conil (El Puntalejo, El Roqueo, Río Salado) y Barbate (en los sitios ya reseñados).

Los primeros hombres actuales u homo sapiens sapiens datan en Andalucía de hace 30.000 años, y es muy posible que llegaran también a través del Estrecho de Gibraltar. Durante el PALEOLÍTICO SUPERIOR ocuparon y explotaron todos los territorios del sur, organizados en bandas que vivían de la caza (cabras, ciervos...), la pesca (explotada ahora) y la recolección (productos vegetales y marinos). Poseyeron gran variedad de útiles, entre los que destaca el arco y la fecha. Vivían en campamentos al aire libre o en cuevas. En ellas aparecen los “santuarios”, con importantes manifestaciones simbólicas, que fueron también  “lugares de agregación” de diferentes  bandas, donde se desarrollan actividades productivas, informativas o de trasmisión de conocimientos, intercambio de productos y reproducción.  

Mapa de yacimientos paleolíticos de la Janda Litoral (Ramos J. y otros: Balance...)

Durante esta etapa hay en la banda atlántica una ocupación contrastada y estacional, en formaciones costeras de Conil. Se trata de un Paleolítico Superior Evolucionado, estudiado sobre todo en el yacimiento al aire libre de La Fontanilla (22.000-17.000 años), donde se ha documentado una serie importante de industrias líticas. Su asociación es evidente con otros enclaves prelitorales (Tajo de las Figuras, Benalup) y serranos del entorno gaditano (cuevas de La Pileta y Ardales, Málaga). El yacimiento de La Fontanilla “puede ser considerado por sus características de gran importancia para la explicación histórica de este tipo de sociedades en el sur de la Península Ibérica” (ver artículo de Vicente Castañeda, en el Boletín La Laja nº 5).

 El proceso de microlitización de los instrumentos, que es característico del EPIPALEOLÍTICO, señala una evolución hacia formas de vida productoras. Se trata de unos cambios realizados en la zona por comunidades que habían sido cazadoras-recolectoras en los mismos territorios.

2. LAS PRIMERAS SOCIEDADES CAMPESINAS

 En la Janda Litoral se conocen hoy una veintena de yacimientos del neolítico, calcolítico y bronce, fundamentalmente gracias a los trabajos citados de la Universidad de Cádiz, que han permitido documentar la riqueza de yacimientos de las primeras sociedades campesinas en la comarca. Entre 8.000 y 1.000 años antes de nuestra era (a.n.e.) se suceden en la Janda Litoral las primeras sociedades productoras, aunque no será hasta el IV milenio cuando podamos hablar con propiedad de sociedades campesinas. 

 Las primeras sociedades tribales campesinas se caracterizan por iniciar una nueva economía productora, basada en la agricultura y la ganadería. Ello supone un considerable cambio tecnológico (aparición de la piedra pulimentada, la cerámica y, finalmente, los metales) y el consiguiente incremento en la circulación de productos. Se trata de sociedades cada vez más sedentarias, regidas por el parentesco, con propiedad colectiva sobre la tierra y los recursos. No obstante, la creciente división del trabajo se va traduciendo en desigualdad y jerarquización social, con manifestaciones diversas (monumentos megalíticos, por ejemplo).

El Holoceno y la Transgresión Flandriense (7.500-4.000 a.n.e.) supuso la elevación del nivel del mar, por lo que los asentamientos costeros del NEOLÍTICO inicial y medio aparecen bajo limos. Este neolítico no supuso una ruptura en el sur andaluz, pues hay continuidad en la tecnología lítica del paleolítico (Casa de Postas, Conil). Durante el Neolítico final (V-IV milenio) se documentan asentamientos estacionales y de pequeño tamaño, dedicados a la pesca y al marisqueo (Cala del Aceite, Conil), vinculados a otros de la campiña interior agrícola, de mayor tamaño y economía más diversificada (Loma de Puerto Hierro, Conil). Conectadas con él se documentan pequeñas aldeas  (Casa de Postas y Pago Matamoros, Conil), con materiales de tradición paleolítica y epipaleolítica (microlitos...), junto a material cerámico del neolítico medio (cuencos, escudillas, vasos...).

Durante el CALCOLÍTICO (III milenio) el número de yacimientos conocidos se incrementa, extendiéndose el poblamiento por toda la Janda Litoral. Se consolidan la economía de producción y la vida sedentaria, apareciendo verdaderos poblados. Estos son ahora de mayor tamaño, como Loma de Puerto Hierro (Conil) o Los Charcones (Vejer), con vestigios del IV milenio y posibilidad de documentar amplios campos de silos. Se trata de poblados con dimensiones espaciales significativas (más de 300x300 m) y variada tipología. Sin perder de vista los pequeños asentamientos, en su radio de influencia (relaciones centro/periferia, rango/tamaño), como Camino de las Quintas y Cerro de la Vigía (Conil), o Zahora y Fuente del Viejo (Barbate).

Los poblados principales están ubicados en plataformas amesetadas, dominando los entornos inmediatos, junto a buenas tierras para el cultivo de secano rodeadas de pastos favorables, cercanos a puntos de agua y afloramiento de materias primas silíceas (sílex, areniscas). La campiña tiene ahora mayor peso económico que la costa por su potencial agropecuario, complementos (caza, pesca fluvial, recolección) y cursos fluviales relacionados entre sí (ríos Iro, Salado y Barbate, este último en conexión con la Laguna de la Janda). Del IV-III milenio hay también otros yacimientos en Conil (Las Lagunetas y Los Olivares) y, sobre todo, en Barbate (Zahara, Trafalgar, Caños de Meca, El Chorro-Yerbabuena, la Breña o Peñas del Bullón). 

En los productos líticos, realizados en materiales locales, se aprecia la perduración de la talla, la mejora de la hoz con denticulados y la pulimentación (azuelas, muchos molinos, brazaletes...). La cerámica presenta formas destinadas al consumo (cuencos, cazuelas, fuentes, platos) y almacenamiento (orzas y grandes ollas muy variadas), que nos hablan del excedente agrícola y la consolidación del proceso de tribalización, que se concreta en los poblados nucleares citados (Loma de Puerto Hierro o Los Charcones). Aparecen también ídolos cilíndricos, abrigos rupestres (rebordes de la Janda) o productos de prestigio alóctonos como la punta tipo “Palmela” o vasos del Campaniforme Marítimo (Los Charcones). Pero lo más destacado es sin duda el conjunto dolménico de la Laguna de la Janda, que no debe desvincularse de la campiña sur, con sepulturas colectivas de grandes piedras, que entierran sólo a una minoría social de privilegiados: dólmenes de Los Charcones y del Aciscar (Vejer) y dolmen del barranco del Caño Arado (Barbate). Hay también arte pospaleolítico en los abrigos del Peñón o de la Fuente Santa (Barbate), que hay que conectar con el llamado Arte Sureño del Campo de Gibraltar (Tajo de las Figuras, Bacinete, etc).

Localizaciones prehistóricas y abrigos con arte rupestre pos-paleolítico

en el entorno de la antigua Laguna de la Janda

En la EDAD DEL BRONCE (II milenio) asistimos a los inicios de la sociedad clasista. De esta época conocemos un limitado número de asentamientos que ejercen funciones de preeminencia o control político del territorio circundante. Va surgiendo una nueva sociedad, basada en el conocimiento especializado (metalurgia), la división del trabajo y una masa campesina explotada (desigualdad). Estamos en el tránsito de la propiedad colectiva a la privada. El mantenimiento de las desigualdades se apoya en formas de coerción ideológica y militar. La Arqueología de la Muerte (dólmenes) y las manifestaciones artísticas de la Laguna de La Janda deben vincularse a estos poblados, algunos de los cuales tienen ahora evidencias de murallas y gran envergadura (600x600 m, Los Charcones), convertidos en centros de acumulación de excedentes. Todo apunta a un desarrollo de la agricultura intensiva de cereal, con importante complemento ganadero (evidencias de domesticación: vaca, cerdo, caprino).

En Conil, destaca el poblado de Loma de Puerto Hierro. Se trata de un yacimiento de gran entidad y que articula todo un conjunto de yacimientos de su entorno, de menor rango, situados en la campiña de Conil. En él se han documentado en superficie elementos líticos y cerámicos que se pueden adscribir de forma amplia al Neolítico Final, Calcolítico y Bronce. El material ocupa una extensión considerable sobre una plataforma amesetada, con buenas tierras aptas para el cultivo y rodeadas de pastos favorables, cercano a puntos de agua y afloramientos de materias primas líticas. Asociados a este yacimiento y dependientes de él jerárquicamente están otros tres: uno es Camino de las Quintas, muy próximo y de similares características, aunque de menor extensión; los otros dos son el Alto de la Lobita y Los Algarrobillos, éste último del bronce final, con numeroso material cerámico en superficie del II milenio (incluso de almacenaje) y abundantes elementos de hoz.  Estos asentamientos de menor rango, ubicados en pequeños cerros y laderas de suave pendiente, se dedican sólo a actividades agropecuarias, con una dimensión intermedia y carentes de defensas, pero de mayor tamaño que los pequeños asentamientos litorales (Trafalgar, Zahora, Caños... en Barbate).

Hachas pulimentadas y vasos cerámicos de Loma de Puerto de Hierro y Los Charcones

Su cultura material es cerámica, lítica y metálica. Hay cerámicas de consumo (carenados, cuencos, ollitas), almacenamiento (muchas orzas) y prestigio (vasos campaniformes y productos metálicos). La tecnología lítica muestra 4 tipos básicos, vinculados con actividades de producción, depredación y asociada con actividades domésticas, así como piezas líticas votivas, de ritual y prestigio. Las piezas metálicas son escasas, y no hay evidencias de producción metalúrgica, aunque sí de su circulación: puñal triangular (dolmen del Aciscar, Vejer), cuentas de metal (necrópolis Torre del Puerco) o puñales. Decir, finalmente, que se observa un cambio en la tipología de enterramiento: perviven las inhumaciones colectivas en Torre del Puerco (Conil), pero aparecen inhumaciones individuales o en cuevas artificiales en Buenavista (Vejer). El individuo va adquiriendo mayor preeminencia frente a la colectividad.

Mapa de yacimientos de las primeras sociedades campesinas de La Janda

3. UN RICO PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO

 El interés que para el conocimiento de nuestro pasado poseen las localizaciones prehistóricas de la zona litoral de la comarca de la Janda (Conil, Vejer y Barbate), las reseñadas en este artículo y las aún por descubrir, es indudable. Desgraciadamente, el estado de conservación de los yacimientos conocidos es, en general, bajo por causas naturales o humanas: excesiva frecuentación y urbanización costera en los yacimientos de la etapa paleolítica, y arado superficial, extracción de áridos o saqueo con detectores de metales en los de la etapa pos-paleolítica.

 Hoy una parte de dichos yacimientos está protegida. En el caso de Conil, el Anexo 8.1 de las Normas Generales del PGOU diferencia entre los 6 yacimientos de protección integral (Arquitectura defensiva y La Chanca) y otros 14 yacimientos de protección normal (Casco Urbano de Conil y los yacimientos prehistóricos mencionados en este artículo). Ello debiera contribuir a tomar cautelas para evitar su pérdida, deterioro o destrucción. Pero no resulta suficiente, pues siempre pueden aparecer yacimientos casuales (Pocito Blanco) o producirse intervenciones urbanísticas en yacimientos protegidos sin realizarse la excavación arqueológica de urgencia. Las administraciones, local y de Cultura, deben estar alertas ante estas eventualidades.

 En el “Informe sobre los hallazgos arqueológicos del Pocito Blanco (Conil, Cádiz)”, de junio de 2004, pedíamos la elaboración de una Carta Arqueológica del término. Y lo justificábamos en la desgraciada actuación seguida en dicho yacimiento (una villa romana del siglo IV), pero también en la envergadura de las obras de urbanización legal e ilegal en curso en todo el término de Conil. Hoy es más necesario que nunca tomar cautelas. 

 El patrimonio arqueológico y el urbanismo, o mejor, la construcción, mantienen hoy sin duda una relación conflictiva. Pero creemos que es posible un desarrollo ordenado, respetuoso con la legalidad urbanística y con la historia. Los restos arqueológicos no deben ser vistos ni percibidos como un obstáculo al desarrollo, sino al contrario pueden contribuir al enriquecimiento del conocimiento y al desarrollo de la autoestima.  

Hoy nos sigue pareciendo urgente una CARTA ARQUEOLÓGICA del término municipal de Conil, que ya tienen los municipios vecinos de Vejer y Barbate. La Asociación LA LAJA así lo ha solicitado ante los responsables municipales en varias ocasiones. Una Carta no es más que un mapa de yacimientos que, por el mero hecho de señalarlos y delimitarlos, puede evitar que este patrimonio histórico-arqueológico, y con él  nuestro pasado, se pierda para siempre. Serían muy recomendables también EXCAVACIONES  arqueológicas en algunos de estos yacimientos, como La Fontanilla, que parece se va a iniciar en breve, o en el poblado de la Loma de Puerto de Hierro, dada su entidad y continuidad histórica desde el neolítico a la edad del bronce.

Bibliografía  

-RAMOS MUÑOZ y otros: Proyecto de investigación “La ocupación prehistórica de la campiña litoral y banda atlántica de Cádiz”. Memoria de las campañas de prospecciones realizadas en Conil (1994), Barbate y Tarifa (1995), Medina Sidonia y Vejer (1997 y 1998), en Anuario Arqueológico de Andalucía. Junta de Andalucía.

-RAMOS MUÑOZ, J., CASTAÑEDA, V. Y GRACIA, F.J. (1997): “El asentamiento al aire libre de La Fontanilla (Conil de la Frontera, Cádiz). Nuevas aportaciones para el estudio de las comunidades de cazadores-recolectores especializados en la Banda Atlántica de Cádiz”, en Zephyrus, XLVIII. Universidad de Salamanca.

-INVENTARIO de yacimientos arqueológicos de Andalucía (1998), actualizado por Nuria Herrero Lapaz. Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. Junta de Andalucía.

-CASTAÑEDA V., HERRERO N y RAMOS, J. (1999): “Las primeras ocupaciones humanas de los entornos de La Mesa. Las comunidades de cazadores-recolectores”, en Excavaciones arqueológicas en La Mesa, Chiclana.

-MONTANÉS M., PÉREZ M., GARCÍA M.E., y RAMOS J. (1999): “Las primeras sociedades campesinas. Las sociedades comunitarias y los comienzos de la jerarquización social”, en Excavaciones arqueológicas en La Mesa..., Chiclana.

-RAMOS J., CASTAÑEDA V., PÉREZ M., CÁCERES I., DOMÍNGUEZ S. Y HERRERO N. (2004): “Balance sucinto de la ocupación de las sociedades cazadoras-recolectoras en el Proyecto “La ocupación prehistórica de la campiña litoral y banda atlántica de Cádiz” en un contexto regional”, en Actas de las Jornadas temáticas andaluzas de Arqueología. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía.

-CASTAÑEDA FERNÁNDEZ, V. (2005): “El yacimiento arqueológico de La Fontanilla y las bandas de cazadores-recolectores en el Suroeste de la Península Ibérica”, en Boletín La Laja nº 5. Del mismo autor (2002): “Las bandas de cazadores-recolectores portadoras del tecnocomplejo Solutrense en la Península Ibérica. La articulación social del territorio”, en SPAL nº 9. Universidad de Sevilla.

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