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Su elaboración es de urgente necesidad y constituye, sin duda, una de las prioridades básicas. Dicho Plan incluiría necesariamente una correcta delimitación del Conjunto Histórico, y la elaboración de un Catálogo
de monumentos y elementos singulares a proteger y restaurar, así como la rehabilitación integrada de todo el casco histórico, con especial atención a las tipologías tradicionales: patios de vecinos y casas de labradores principalmente, así como otras viviendas de interés. Dicho Plan Especial contemplaría un calendario de actuaciones urgentes y a corto/medio plazo, y una dotación suficiente de recursos económicos.
La ciudad histórica no es sólo un recurso cultural de primera magnitud, sino un importante recurso económico y social, que equilibra el conjunto urbano, aportándole calidad de vida y dotándolo de un importantísimo valor simbólico. El Plan General debiera ser el encargado de establecer la estrategia global de intervención en el centro histórico definiendo su papel en la estructura urbana y promoviendo medidas como la mejora de la accesibilidad, el tratamiento de los bordes o su reequipamiento, complementado por el Plan Especial mediante la adopción de medidas más detalladas (intervención en espacios públicos, delimitación de áreas de rehabilitación, etc), pero desgraciadamente persiste el “desinterés” del PGOU de Conil por su Conjunto Histórico-Artístico.
Una “ciudad sostenible”es aquella en la que tanto su población como sus actividades se esfuerzan, continuamente, en mejorar sus ambientes naturales, constructivos y culturales. Conceptos directamente relacionados con ella son la “habitabilidad” y la “calidad de vida”. A pesar de la subjetividad de dichos conceptos, no cabe duda de que ambos dependen de factores sociales, económicos y de las condiciones ambientales o físico-espaciales. En este sentido son aspectos decisivos para el bienestar ciudadano el trabajo, la educación, la sanidad, la vivienda y su alquiler, los equipamientos; pero también el nivel de ruido, las visuales paisajísticas urbanas, la disponibilidad de espacios libres y de zonas verdes, que favorecen las relaciones sociales.
Y, cómo no, empezar a resolver elproblema del aparcamiento (fuera del conjunto histórico, con servicio público de microbuses como “lanzadera” a la playa, y aparcamiento de “pago” en el Paseo marítimo durante el verano). Así como la mejora de los servicios (ampliación de la dotación de médicos y personal sanitario, sobre todo durante el verano, creación de un parque de bomberos, etc) para una población que crece y “explota” cada verano.
Las Ordenanzas hay que mejorarlas, sin duda, pero las que tenemos hay que aplicarlas en los diferentes ámbitos, porque para eso están. Las del Conjunto histórico (tipología, colores, huecos, alturas, cableado, rótulos, zócalos...), las de Ruidos (cumplimiento de horarios, insonorización de pubs, restricciones en los espacios públicos, dureza con los ciclomotores...) o la normativa de Basuras (se hace preciso incrementar la dotación, sobre todo en verano, pero también tener los contenedores cerrados, limpiarlos con frecuencia, penalizar la deposición de basuras fuera de horario, unas dos horas antes de su recogida, etc),
de Limpieza (baldeo de calles...). Pues la calidad de vida está relacionada fundamentalmente con el medio ambiente urbano, que es preciso proteger del capricho de unos o del interés individual de otros, en perjuicio de la mayoría.
A lo largo de este informe se ha hecho en repetidas ocasiones alusión a la indisciplina urbanística imperante, que responde perfectamente al manido tópico de “Conil, ciudad sin ley”, que desgraciadamente sigue vigente. La disciplina urbanística no es más que el conjunto de facultades de que dispone la Administración para proteger el cumplimiento de la legalidad urbanística, evitando o castigando su vulneración, y se desarrolla en tres niveles: restaurando la legalidad infringida mediante medidas de restauración y demolición; imponiendo multas a los responsables para impedir un beneficio ilícito; o exigiendo la indemnización por los daños y perjuicios producidos por la actuación ilegal.
Es indiscutible la necesidad de respetar la Servidumbre de Protección del Dominio Público Marítimo Terrestre, los conocidos 100 primeros metros, pero como recomienda la Ley de Costas, en Conil, pueblo de economía turística, habría que aumentar la zona de protección de la costa hasta 200 mts., alejando de ella las nuevas construcciones y reduciendo la edificabilidad de las mismas. En este sentido se hace urgente acabar de una vez por todas con la “ocupación de terrenos litorales privilegiados” y con la “formación de pantallas arquitectónicas”, una práctica denunciada por todas las administraciones, que atenta contra los intereses de los ciudadanos y perjudica seriamente el futuro turístico de nuestro pueblo. Los precedentes de Fuente del Gallo y Roche no deben repetirse nunca más.
Es necesario que Conil conserve, en cantidad y calidad, los recursos hídricos que siempre le han servido para sus distintos usos. Usar un recurso evitando su agotamiento es lo que hemos llamado uso “sostenible”.Dado que el acuífero no es inagotable y, de hecho está en franca regresión, y a la vista de que las demandas de suministro desde las cuencas del Guadalete o Barbate se amplian continuamente, no queda más remedio que controlar las demandas de agua. Para ello hay que articular campañas serias de medidas de ahorro y uso eficiente del agua entre la población (llueva o no llueva), controlar la instalación de pozos y las extracciones de los instalados, limitar en la planificación urbanística y en la concesión de licencias las superficies de praderas de plantas fuertemente consumidoras de agua y, finalmente, invertir en la depuradora para conseguir la reutilización de las aguas depuradas y aumentar así el recurso disponible.
Conil ha de conseguir recuperar su imagen perdida de pueblo blanco, limpio y marinero; para esto resulta indispensable que la limpieza pública sea eficaz y rigurosa, las basuras urbanas no degraden los espacios comunes y públicos, y los residuos de las empresas de la construcción (escombros) sean depositados en lugares idóneos o sean reutilizados. Para todo esto no hay que inventar nada nuevo, solo hay que cumplir las leyes y normas andaluzas, estatales y europeas, lo que supone también la instalación de 4 contenedores de basuras (orgánicos, vidrios, papel y plásticos) por cada 500 habitantes.
Los equipamientos pueden definirse como aquellas dotaciones que la comunidad considera imprescindibles para el buen funcionamiento de la estructura social de la ciudad. Los equipamientos culturales son un déficit tradicional en nuestro pueblo. En este sentido, queremos proponer uno encaminado a “dinamizar” la actividad cultural en Conil: una buena Casa de la Cultura, repartida en tres espacios urbanos diferentes del conjunto histórico, la Chanca, la Tertulia (hoy bar) y la actual Casa de la cultura.
La educación es una de las bases sobre las que se asienta la convivencia en las sociedades civilizadas, y nuestro Ayuntamiento no puede permanecer ajeno a su demanda creciente y necesaria. En este sentido y, para concluir, proponemos la realización de diferentes “campañas” encaminadas a concienciar a la ciudadanía, a educarla en “valores” colectivos y medioambientales, o dirigidas a hacer entender a residentes y visitantes que “no se puede llevar el coche hasta la sombrilla”, etc. Todo ello complementado por un amplio programa de actividades culturales tendentes a divulgar el conocimiento de la historia local, la importancia de conservar nuestro patrimonio natural e histórico, etc. |
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