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Nota.- Ésta es una trascripción de la conferencia pronunciada en las III Jornadas del Patrimonio; La Laja, lo único que ha hecho es destacar en negrita algunas frases que nos han parecido más importantes o llamativas.
Existen tres ideas básicas sobre las que reflexionar: · La
planificación llega tarde. · Todo
se legaliza, nada se demuele. · La
construcción en sí misma, o el turismo ligado a la construcción de la
segunda residencia, se considera como único factor posible de
desarrollo económico y social. Desde
que en 1994 se aprueba la LOTA, Ley de Ordenación del Territorio de
Andalucía, se preveía la elaboración de un Plan de Ordenación del
Territorio. Sin embargo, 12 años después, ese Plan todavía no existe.
Así pues, la primera visión del territorio, la visión global a escala
regional, no ha existido; se ha hecho mucho planeamiento pero se ha
carecido de una visión global del territorio. A
una escala menor, también prevista en la LOTA, que es la escala de los
planes subregionales, tampoco ha funcionado. Había una previsión de
realizar 4 planes regionales para la provincia que eran: el Plan de la
Costa Noroeste, Plan Bahía de Cádiz, Plan de la Janda y Plan del Campo
de Gibraltar y solo se ha hecho algo con el Plan de la Bahía de Cádiz,
aunque parece que ahora va
a tener algún problema jurídico destacable. Es
decir, ámbitos tan relevantes de nuestro territorio se dejan sin
planificar de forma coordinada y quedan al albur de la planificación
municipal, con lo que, al final, nos encontramos que lo único que
existe es un puzzle de planes municipales que se van integrando, ni
siquiera integrando, colindando unos con otros y dejándonos un
territorio desarticulado y que no tiene unas directrices para su
planificación y su desarrollo. Pero
es que además el planeamiento en el ámbito municipal también llega
tarde; en muchos casos, el objetivo de la mayoría de los planeamientos
no es más que regularizar situaciones de hecho, planificar lo realizado
sin ninguna planificación anterior. Los planes legales ahora
mismo no son resultado de una lógica y serena reflexión sobre lo que
debía ser el modelo de territorio sino la suma de una serie de
intereses, por un lado los intereses individuales, vamos a llamarlos así,
menos especulativos y por otro, las grandes operaciones especulativas
que estamos viendo. El otro día visitaba un municipio para ver el avance del
Plan y lo que más vendían en la carátula del CD que contenía el
Plan, era precisamente la regularización de las viviendas y llamaba a
los vecinos a hacer una especie de censo para regularizar todas sus
viviendas ilegales. Además, como ha habido casos recientes de
regularización, Chiclana sin ir más lejos,
pues todo el mundo ve que la vía legal existe y que es posible,
con lo cual todos presionan para que los planeamientos intenten
regularizar. Esa
adaptación del planeamiento a la realidad física consecuencia de que
el planeamiento llegó tarde y no sirve. Y lo peor es que seguimos
funcionando igual porque en todos los planes se habla de un punto cero
pero ese punto cero nunca se consigue, sino, al contrario, se sigue
avanzando en esa ilegalidad. Con
este panorama es normal que las construcciones ilegales crezcan a sus
anchas y yo creo que es un fenómeno que si no hay voluntad política y
suficiente cantidad de medios va a ser muy difícil de abordar. Así
pues, nos encontramos con que nada se tira y todo se legaliza.. Sabemos que el fenómeno de la construcción ilegal en
terreno no urbanizable pertenece a una cultura impuesta por el aumento
del nivel de vida, de la renta, por una necesidad que tiene mucha gente
de vivir en un entorno más natural frente a la presión de las ciudades
pero estas urbanizaciones ya están surgiendo en cualquier sitio. El
diseminado rural tenía su sentido cuando se dedicaba a uso agrícola,
incluso está recogido en la ley; el problema es que surge el fenómeno
de construcción ilegal para primera residencia y con la excusa de que
como los precios son tan caros en las ciudades o en los centros de los
pueblos, es necesario hacerse la casa en el campo. Además,
la gente tiene un equivocado sentido de la propiedad y no entiende por
qué alguien le puede impedir hacerse una vivienda en su propio
territorio, es decir, lo que se ha hecho tradicionalmente en las
explotaciones agrarias y que es algo que está asumido por la sociedad. La contrapartida es una
serie de gente que gana dinero con esas urbanizaciones y ahora tiene que
venir el Ayuntamiento a dotarle de los servicios e infraestructuras
necesarias. Porque ahora esos servicios se exigen; te echan cierto
sentido de culpabilidad encima, te reprochan que están viviendo en esas
condiciones por tu culpa, que si tienen que seguir usando una fosa séptica
y no tienen saneamiento y que si no tienen colegio y que si no tienen un
autobús que pase cerca, etc. es
responsabilidad de la administración. Nadie tiene el sentimiento de
culpa de haber cometido un delito que es lo que en definitiva hay. Y
qué pasa para que todo se legalice y nada se tire, pues que en este
tema se ha fracasado, siento decirlo así de claro, pero estamos
fracasando estrepitosamente. Sabemos
que los ayuntamientos son los depositarios de la competencia urbanística
en general y que son los primeros que deben intervenir, pero la culpa no
es solo de los ayuntamientos; en instancias superiores también hay
responsabilidad. Yo creo que la Junta está asumiendo ese fracaso real
cuando en la nueva reforma que se ha hecho de la LOUA se crea una
Dirección General de Inspección ya que no existía un cuerpo de
inspectores en la Administración Autonómica. Las
competencias sancionadoras nunca las quiere la administración local; es
una administración muy próxima a los ciudadanos y nadie quiere ponerle
una multa al vecino o tener que tirarle la casa pero, además de no
asumir estas competencias, muchas veces se une la falta de colaboración
con la administración autonómica. Si un Ayuntamiento no
quiere que la Junta de Andalucía intervenga en un determinado asunto de
construcción ilegal, la Junta no interviene: el ayuntamiento adopta
medidas cautelares de suspensión, abre expediente sancionador, abre
expediente de protección de la legalidad y se deja pasar el tiempo;
desgraciadamente así funciona la cosa, ni las viviendas se terminan
derribando, las multas se cobran infinitamente más tarde, incluso hay
ocasiones en que el Ayuntamiento dice: ”te voy a abrir yo un
expediente sancionador porque el de la Junta va a ser mucho más
caro”. La
Junta también es responsable porque es evidente que existe una tremenda
desproporción entre los elementos a controlar y los medios de control
que existen; no hay medios, no sé si es falta de voluntad política,
entiendo que sí porque no hay otra explicación: si quieres controlar
un fenómeno no hay más remedio que disponer de los medios suficientes.
Además,
el problema jurídico es muy grave; los plazos que establece la ley para
que la Junta pueda intervenir, previo requerimiento al ayuntamiento, son
excesivamente largos. Muchas veces cuando se abre el expediente, el
edificio está ya construido y solo hay una forma de controlarlo que es
con la colaboración municipal. La colaboración entre administraciones y la voluntad de esas administraciones es la única que puede
controlar este fenómeno que está más que desbordado. Es
muy habitual que a base de recurso, recurso y recurso, nos podemos pasar 6 ó 7 años para resolver un expediente y cuando el expediente
ya se ha resuelto por una sentencia, nos encontramos con que el delito
ya ha sido legalizado por planeamiento. Los
procedimientos llenos de garantías procesales y procedimentales para
los propios ciudadanos, se tornan en elementos muy lentos para controlar
un proceso tan dinámico como el proceso de la construcción ilegal. La
solución pasa por la necesaria colaboración entre las administraciones
y la voluntad decidida de hacerlo; mayor dotación, como consecuencia de
esa decidida voluntad y algunas reformas legislativas que facilitaran
los procedimientos para que esas intervenciones fueran más rápidas. Por
último, quiero hacer referencia a otra idea muy extendida de que la
construcción en sí misma o en relación con el turismo es el único
motor de desarrollo posible. Para dar algún dato a nivel provincial,
entre 1991 y 2001, el número de viviendas aumentó en 109.000, casi un
30%; sin embargo, el crecimiento demográfico en ese período solo ha
sido de 28.000 nuevos habitantes, un 3,5%. Como
se puede apreciar, hay una desproporción enorme. Además, en ese parque
de viviendas provincial, el peso de la vivienda secundaria y la vivienda
vacía cada vez se incrementa más; en 1991 el peso de la vivienda vacía
y secundaria estaba entorno al 25%, en el 2001 ese peso ya había pasado
al 30% y en 2005 ya se había superado ampliamente el 35%. Estamos
dándole la vuelta a la relación entre las viviendas principales y las
viviendas secundarias. Esto es fruto del interés por disponer de una
segunda residencia pero, también, de un crecimiento especulativo
anormal, porque hay municipios que están planteando un desarrollo turístico
que ya veremos si tiene o no tiene sentido. Hay
municipios que prácticamente no han crecido nada y hacen un
planeamiento de 2.000 ó 3.000 viviendas para crecimiento interno,
independientemente de los sectores turísticos. Tradicionalmente,
el litoral ha sido el sitio donde se ha concentrado este fenómeno
justificado socialmente en base al desarrollo turístico, pero lo cierto
es que esa agresión, que en el litoral sigue siendo alarmante, se va
trasladando hacia el interior. Empiezan a acuñarse términos urbanísticos
de 1ª corona litoral, 2ª corona litoral, 3ª corona litoral … yo no
sé si el litoral va a
llegar a Sevilla en cualquier momento. En
casi todos los Planes Generales que se están tramitando en la provincia
existe una divergencia enorme entre el número de viviendas necesarias
con el número de viviendas que se pretende construir y que en
muchos casos puede ser del doble. Valga
Trebujena como ejemplo de este crecimiento exagerado que se pretende,
que se está planificando; allí la población casi no ha crecido en los
últimos 15 años y plantea 2.097 viviendas nuevas; tiene actualmente un
parque de 2.400 viviendas y plantea más de 2.000 nuevas, de las cuales
750 son de un sector turístico concreto, un campo de golf, pero el
resto de las viviendas se supone que irán a vacía y secundaria porque
los vecinos del pueblo no han crecido. Otro
ejemplo: Medina propone 7.700 nuevas viviendas, de las cuales 4.000 son
en 3 campos de golf; creo que es un sobredimensionamiento que no podemos
permitirnos. No podemos ocupar todo el territorio como parece que es lo
que se pretende. Si
en Medina estas viviendas se construyen, el peso relativo de las
viviendas principales sobre la secundarias cambiará totalmente; ahora más
del 70% de las viviendas son principales; con esas que se pretende
construir, se pasaría a una situación en la que menos de la mitad serían
viviendas principales y la mayoría secundarias o vacías, con lo que
ello supone de cara a la transformación del territorio y ya no solo del
territorio sino de las personas que viven en esos espacios. El
problema es que estas operaciones se están defendiendo mucho desde los
propios municipios y va a
costar bastante trabajo convencer o recortar para que tengamos un
crecimiento mucho más sostenible. La
pregunta es: ¿qué estamos dejando a los que vengan detrás?
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