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A comienzos de abril de 2004, la Asociación LA LAJA tuvo conocimiento de la aparición de restos arqueológicos en las obras de urbanización del “Pocito Blanco” (UE 1 del Plan Parcial SLV-2, “Cañada Honda”), a la salida de Conil hacia la N-340 (Doc. nº 7 y 8). Se nos informó que dichos restos estaban siendo destruidos, que se habían repartido los objetos encontrados, que buscadores de monedas entraban en la obra al atardecer, pues carecía de vigilancia, etc. LA LAJA decidió realizar el 13 de abril una inspección ocular de la zona, comprobando la existencia del yacimiento. Ese mismo día puso en conocimiento directo de la Alcaldía los hechos y el 14 de abril dio parte a la Comisión Provincial de Patrimonio de Cádiz.
Al día siguiente, 15 de abril, técnicos de la Delegación gaditana
comprobaron la existencia de un área arqueológica dentro de la zona de
obras, donde se localizaron algunos sillares de piedra y restos de
tégulas, así como algunos silos excavados en el subsuelo geológico,
paralizando parte de las obras que lleva a cabo la empresa municipal
ROSAM, promotora de las mismas. El día 16, el Ayuntamiento informaba a
la Delegación de los hallazgos, dando cumplimiento aparente
a la legalidad.
El Decreto 19/95, de 7 de febrero, de Reglamento de Protección y
Fomento del Patrimonio Histórico de Andalucía determina la
obligatoriedad que tienen los descubridores, directores de obras,
empresas constructoras y promotores de actuaciones, de comunicar la
aparición de un hallazgo en un plazo máximo de 24 horas, ante la
Delegación Provincial o ante el Ayuntamiento. A este respecto hay
que decir que el 27 de febrero de 2004, en Pleno municipal, el concejal
andalucista preguntó al de Urbanismo sobre los hallazgos, y la
respuesta de éste fue la habitual: no
sabemos nada. Desde entonces hasta nuestra denuncia del 14 de abril
transcurrió mes y medio. ¿Qué ocurrió entretanto?. Hay rumores para
todos los gustos. En todo caso, ni el director de obras, ni las empresas
constructoras, ni la promotora ROSAM, ni el Ayuntamiento de Conil informaron a la Delegación, tal
como exige la ley, a partir de la aparición de los primeros
hallazgos en febrero de 2004. Clara omisión de un deber, tipificada
penalmente (art. 323 y 324 del Código Penal).
Queremos recordar a este respecto lo que dice la Ley de Patrimonio
Histórico de Andalucía. Según esta Ley 1/91 corresponde a los
Ayuntamientos “adoptar, en caso
de urgencia, las medidas cautelares necesarias para salvaguardar los
bienes del Patrimonio” (art. 4.1). A continuación, la Ley señala
que las administraciones públicas “colaborarán
estrechamente... en la defensa del Patrimonio Histórico, mediante
relaciones recíprocas de plena comunicación, cooperación y asistencia
mutua” (art. 4.2), poniendo los Ayuntamientos en conocimiento de
Cultura las dificultades o necesidades que en el ejercicio de su
competencia en esta materia pudieran plantearse. El siguiente artículo
es taxativo: las personas que observen peligro de destrucción o
deterioro de un bien integrante del Patrimonio “deberán,
en el menor tiempo posible, ponerlo en conocimiento de la
Administración competente” (art. 5.1). El Ayuntamiento, como
propietario de los terrenos, tiene además en relación con los bienes
patrimoniales “ el deber de
conservarlos, mantenerlos y custodiarlos” (art. 15.1),
considerándose infracciones muy graves “la
pérdida o desaparición o... daños irreparables”
de bienes (art. 111.1), así como la “omisión
del deber de conservación” (art.111.2).
Buena parte de esta normativa está expresamente recogida en el PGOU de
Conil (“Propuesta de normativa
de Protección y prevención del Patrimonio Histórico de carácter
Arqueológico municipal de Conil”, Anexo al art. 8.1, Normas
Generales, Texto Refundido del PGOU de Conil). Los ayuntamientos no
pueden, por tanto, inhibirse en este tema. Pero el Alcalde no paralizó
las obras, como es su obligación (art. 4.3.4. sobre Hallazgos
arqueológicos casuales, de la citada normativa) y nadie lo notificó a
Cultura. La dejación de funciones del Equipo de Gobierno ha sido manifiesta.
Tras tener conocimiento del hallazgo, por LA LAJA, la Delegación
ordenó, con fecha 24 de abril, la realización de actividades
arqueológicas de prospección y excavación de las estructuras y/o
niveles arqueológicos afectados, con carácter de urgencia, por cuenta
del promotor de las obras, según establece el Decreto 19/95. La
arqueóloga contratada por ROSAM llegó el día 27 de abril pero, entre
las presiones iniciales y la lluvia, no pudo comenzar a trabajar hasta
bien entrado el mes de mayo. A partir de entonces, se efectuaron algunas
catas, sin resultados espectaculares... De lo descubierto quedaba ya
poco, pues todo había sido removido por las máquinas y
descontextualizado. El libro estaba roto. El 25 de mayo, más de un mes
después del reconocimiento oficial del hallazgo, y al menos tres meses después de su
descubrimiento casual, el
Concejal de Urbanismo declaraba, para acallar rumores y tranquilizar
a la población: hay restos, pero es poca cosa. Las obras siguen, que es
lo importante.
LA LAJA había pedido el 19 de mayo la adopción de cautelas
arqueológicas en las promociones privadas colindantes (urbanización
del sector SLV-5 y manzana 2D de la UE nº2 del sector SLV-2), que
estaban iniciando movimientos de tierras, ante la posibilidad de que los
restos arqueológicos tuviesen continuidad en ellas. Hicimos esto tras
cerciorarnos de que nuestro Ayuntamiento no
haría nada al respecto, pues se desentendía del asunto
argumentando su falta de competencias en el tema, lo que ya hemos visto
que no es así.
El 26 de mayo –tras la aparición de la noticia del hallazgo en la
prensa- LA LAJA solicitó a ROSAM permiso para poder visitar las obras,
bajo supervisión de la arqueóloga, tener acceso a los informes que
fuera generando la excavación y unas fotos del hallazgo. Pero se nos
respondió negativamente. ¿Los denunciantes del hallazgo no merecen
siquiera derecho a la información?
Ante la falta de transparencia y dejación de funciones del Ayuntamiento de
Conil, LA LAJA pidió el 27 de mayo la declaración de Zona de
Servidumbre Arqueológica para todo el territorio comprendido entre la
Cañada Honda y el Pocito Blanco (es decir, entre las obras municipales
y la población), pues teníamos fundadas sospechas de que los restos
arqueológicos pudieran tener continuidad en las promociones privadas
colindantes. ¿Mercablum?. La ubicación de los altos del Pocito Blanco
y zonas anejas, dominando el Río y la Vega, así como la línea de
costa entre Trafalgar y Roche, no parecía un mal enclave.
Ante la duda, y preocupados por la pasividad municipal, decidimos tomar
la iniciativa y organizamos una segunda excursión el día 28 de mayo
para inspeccionar ocularmente toda la zona, acompañados esta vez por
una arqueóloga de nuestra Asociación. Pudimos constatar que los
hallazgos parecían reducirse a la loma del Pocito Blanco, la zona de
ROSAM, aunque también había abundante material cerámico en superficie
de otras épocas en zonas próximas no afectadas por las obras.
Comprobamos también con estupor y pena que el deterioro del yacimiento,
motivado por los vastos movimientos de tierras realizados por las
máquinas (no sólo por los arados, como se ha dicho), imposibilitaba ya
delimitar el perímetro exacto del mismo. Estábamos ante un yacimiento
maltratado, muy alterado y en buena medida perdido.
LA LAJA quiere denunciar lo ocurrido en el Pocito Blanco, aunque sólo
sea para que no se repita nunca más. De nuevo ha tenido que ser nuestra Asociación la que
saque a la luz las cosas. Si no hubiésemos denunciado a Cultura, en el
Pocito Blanco no habría
hallazgos, no habría nada. ¿Qué ocurrió entre la aparición de
los primeros restos en febrero y nuestra denuncia en abril?. Hemos
investigado algo y hemos oído de todo... Por fuentes bien informadas
sabemos que hay personas que tienen en su poder piedras talladas, restos
de columnas, un capitel, vasijas y ánforas, que compradores ilegales de
monedas antiguas han estado en Conil... Más allá del valor de estos
objetos, grande para nuestro pueblo, la pérdida mayor es de otro orden.
Cerramos para siempre otra página de nuestra historia –su valor de
mercado es lo que menos importa. Tras
el relato objetivo de los hechos, de lo que no cabe duda es que ha
habido grave irresponsabilidad,
dejación de funciones y opacidad por parte del Ayuntamiento de
Conil. LA LAJA exige responsabilidades y se lamenta de que el Patrimonio
Histórico-Cultural de nuestro pueblo esté en manos de señores que
sólo sienten por él desprecio.
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