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Vista de Conil y su costa en 1727 (Archivo Ducal de Medina Sidonia)
El siglo XVIII se inicia en España con la Guerra de Sucesión, que enfrentó a las principales dinastías europeas, Austrias y Borbones, por la herencia de Carlos II, muerto sin descendencia el año 1700. Esta guerra fue un largo conflicto por la hegemonía entre las potencias europeas y también, desde 1705, una guerra civil entre los españoles partidarios de Felipe de Borbón o de Carlos de Austria. En Andalucía, que se mantuvo leal al aspirante francés, las hostilidades se iniciaron en 1702, con el fallido intento angloholandés de ocupar Cádiz y el saqueo de algunas localidades de la Bahía. Pero sin duda el hecho más destacado y trascendente fue la ocupación de Gibraltar (1704) y el posterior sitio hispanofrancés a la estratégica plaza (1704-1705), que resultó infructuoso. A partir de entonces, las hostilidades se desplazaron al Mediterráneo, lo que no dio mayor seguridad a nuestras costas. Prueba de ello es el asalto angloholandés a Conil (1707). En este contexto bélico se produjo una gravísima crisis alimentaria (1708-1709) que tuvo una especial incidencia en Andalucía y en la provincia de Cádiz. Desde 1712, cesan las acciones militares, ratificándose el final del conflicto con la paz de Utrecht (1713) y la aceptación de Felipe V como rey de España. En vísperas del conflicto, Conil era una villa
fortificada, con castillo, muralla y torres vigías, dedicada a
actividades primarias, agropecuarias y pesqueras. Las almadrabas, que le
dieron fama durante los siglos XVI y XVII, estaban en decadencia y la
población de la villa permanecía estancada, en torno a los 3.000
habitantes (600 vecinos en 1688, según Fray Gerónimo de la Concepción,
ó 653 vecinos, según el Censo de 1693). GOBIERNO
MUNICIPAL Y ORGANIZACIÓN MILITAR Conil estaba subordinado al corregimiento de Chiclana de la Frontera desde 1626 pero, aunque compartía corregidor, tenía regimiento propio, ratificado cada año por el duque de Medina Sidonia, señor de la villa. El poder municipal de Conil al iniciarse el s. XVIII se componía de un Alguacil Mayor en el cual delegaba el corregidor la gestión del municipio; tres o cuatro Regidores, dependiendo del año, que se dedicaban a organizar y supervisar diversos servicios de la vida social y económica de la villa; dos Alcaldes ordinarios que juzgaban los pleitos civiles y criminales hasta cierta cantidad de dinero; un Síndico Procurador que velaba por la defensa de los intereses de la comunidad; un Depositario General que era el encado del manejo de los caudales municipales; dos Alcaides, ambos con voz y voto en el cabildo, uno de la torre de Castilnovo, honorífico, y otro de la fortaleza de la localidad, la Torre de Guzmán, cargo en que se proyectaba la organización y la jurisdicción militar de las milicias de la villa; un Padre General de Menores que se encargaba del cuidado de los huérfanos menores de edad; y un Escribano de Cabildo, que durante décadas se compaginó con la Escribanía de número de la localidad y en el periodo estudiado aglutinaba además el cargo de Capitán de Guerra, máxima jerarquía militar de la compañía de las milicias concejiles (ver Apéndice). Estas personas constituían la cúspide de la pirámide social de Conil. También se realizaban nombramientos anuales de los diputados y representantes gremiales locales.
La organización militar de
Conil constaba de dos companías, una de milicias de infantería y otra
de caballería. Contreras Gay define las milicias como una fuerza
de gente gratuita o casi gratuita durante el Antiguo Régimen, sin la
preparación ni la disciplina o los medios de los ejércitos reales que,
sin embargo, jugaron un papel importante en la defensa interior y como
reserva de hombres del pueblo llano para la guerra. Su utilización como
fuerza complementaria de los ejércitos reales se debió a la escasez de
medios económicos del Estado, su bajo coste de mantenimiento y las
limitaciones que tenía la monarquía absoluta para hacer frente a la
defensa de sus propias fronteras. La compañía de milicias de Conil
estaba al mando de un Sargento Mayor y se integraba con otras 3 compañías
de Chiclana, formando 4 unidades bajo el mando del Sargento Mayor de la
localidad vecina.
La compañía de caballos, de origen medieval, estaba
integrada por los vecinos que superaban una cierta cuantía de bienes,
lo que les obligaba a mantener caballos y armas. A cambio se les reconocía
el privilegio de la mitad de oficios en el Cabildo municipal y el acceso
a repartos de tierras baldías (“caballerías de tierra”). Durante
la Edad Moderna fue disminuyendo el número de vecinos que accedían a
ella, por elevación de la cuantía exigida, convirtiéndose en un
privilegio en posesión de varias familias de las clases altas de la
villa, que cubrían sus vacantes. Ello fue causa de irregularidades y
corrupción en su gestión y entrega, ya que ciertos vecinos recibían
las caballerías de cuantía sin cumplir con los requisitos, en
perjuicio de otros vecinos y del propio sistema, pues a menudo incumplían
sus obligaciones militares. La compañía estaba bajo el mando directo
del Capitán General de las Costas de Andalucía, con sede en el Puerto
de Santa María durante la Guerra de Sucesión, y se englobaba dentro de
un regimiento de caballería denominado “Provincial
de Andalucía” más conocido como
de “Cuantiosos”. LA
CONTRIBUCIÓN A LA GUERRA, 1702-1707
A la muerte de Carlos II se intuía el conflicto bélico y el
duque de Alburquerque, Capitán General de Andalucía, remitió cartas a
las localidades de su jurisdicción, tanto del litoral como del
interior, para que estuvieran prestas y organizadas las milicias, que
deberían entrenarse realizando algunos alardes los días
festivos. En agosto de 1702, el Conde del Valle de Salazar llegó a
Conil para pasar revista a la compañía de milicias, pero no hay
noticia de que la milicia local saliera con destino a la Bahía, en
defensa del Puerto de Santa María, Chipiona y Rota, que sufrieron el
ataque y el saqueo de las tropas angloholandesas.
El 16 de marzo de 1704, el Marqués de Villadarias, nuevo Capitán
General de Andalucía, reclamará de nuevo la formación de las milicias
de la villa, para salir a la primera orden. El Cabildo trató de eludir
el servicio argumentando la escasa capacidad defensiva de la villa y su
expuesta situación geográfica: “...a la orilla del mar sin defensa de artillería ni muralla (que)
esta confiada a la divina providencia por sus pocos vecinos y menos
armas para las urgentes ocasiones que pueden ofrecérsele de invasiones,
así de moros... (como) de otros enemigos de esta Corona...”.
La compañía de milicias estaba formada el 2 de abril con
50 hombres, al frente del Capitán de guerra y escribano D. Francisco de
Herrera y Córdoba; el 1 de mayo se recibía orden de no descuidar la
vigilancia desde las torres vigías para “descubrir los navíos de
corsarios que se hallaren en la costa”.
El enemigo angloholandés rondaba la costa gaditana procurando
asestar un golpe en alguna plaza estratégica, lo que finalmente se
produjo en agosto de 1704, cuando fue tomada Gibraltar. Tras su pérdida,
las tropas españolas intentaron recuperar la plaza, iniciando un largo
asedio, en el que participarán las milicias las poblaciones cercanas,
como Castellar, y también las compañías de Chiclana y de Conil. Ante
la falta de interés del Sargento mayor Juan García de la Suela por
ponerse a su frente, estaban capitaneadas por D. Francisco de Herrera y
Córdoba y desde el mismo mes de agosto se encontraban en el sitio y
bloqueo de Gibraltar, todas ellas bajo el mando del escribano conileño.
Pero desde el 5 de septiembre se produce una deserción masiva de estos
soldados-vecinos, a pesar de las amenazas municipales de prisión,
multas y embargos, pues “por
no dárseles pagas se vinieron todos los soldados milicianos... dejando
solo los capitanes y oficiales en dicho campo”. El 1
de octubre, dichas milicias
fueron retiradas del asedio por orden del marqués de Villadarias,
regresaron los pocos soldados que quedaban y el día 7 estaban también
en Conil el resto de milicianos locales.
Resuelto, posiblemente, el problema de la paga, se vuelve a
ordenar su salida el 20 de
octubre, partiendo hacia Gibraltar el día 27, tras muchos problemas de
alistamiento.
En abril de 1705, las milicias de Conil fueron reclamadas de
nuevo, ahora por el gobernador de Cádiz, marqués de Valdecañas, para
la defensa de la ciudad; pero al poco tiempo, se recibió contraorden
del marqués de Villadarias, para que volviesen a dirigirse a
Gibraltar. El cabildo de Conil optó, finalmente, por mandar a Cádiz
una compañía de 25 o 30 hombres, que estaban sin el armamento
completo, mandándose 3 caballos “por los arcabuces y mosquetes a
la ciudad de Tarifa en donde los dejaron los soldados milicianos que
salieron de estas a servicio de Su Majestad el año pasado, los que les
hicieron fuga y se dejaron dichas armas en el cuartel ”. Como ya dijimos, Conil costeaba también una compañía de caballos, integrada en 1702 por 29 soldados. A fines de 1705, la compañía tuvo que ser remodelada, porque sólo quedaban 17 soldados y era necesario cubrir las 12 vacantes. Su capitán era D. Gonzalo de Olmedo Egrúllus y Ormaza, y su teniente D. Miguel de los Rosales.
Fuente: Archivo Municipal de Conil, Libros de Actas
Capitulare
El marqués de Villadarias ponía como condición para su leva
que fueran “vecinos de buena edad, aviles todos para montar y
mantener su caballo y que tengan algún posible a que recurrir en caso
de falta de el servicio”. Costó trabajo completarla, pues algunos
soldados quisieron librarse del servicio y lograron ser excluidos, con
el beneplácito del duque de Medina Sidonia. Entre ellos, Juan Cortés
argumentaba pobreza lo que negaba el cabildo señalando que no era
cierto y que además era “mozo
de más de treinta años y muy a propósito para servir a S. M.”;
Bartolomé Pantoja alegaba, por su parte, ser recaudador de la
bula de la Santa Cruzada, lo que también negaba el Cabildo.
Para aligerar el proceso y lograr la leva, Villadarias amenazó
con el alojamiento de los 40 soldados de la compañía de caballos de
Chiclana en las casas de los mismos capitulares. Ante esta amenaza,
convertida en realidad el 25 enero de 1706, los capitulares ejecutaron
sin dilación la formación de la compañía conileña.
Además de la aportación de hombres para la guerra estaban las
contribuciones económicas, consistentes en el alojamiento de tropas de
tránsito en la localidad y en los servicios de carretas y de paja
que debían prestar los pueblos.
Estas contribuciones de guerra fueron también causa de pugnas
continuas entre las entidades municipales y el Capitán General, un
tira y afloja permanente en el que los pueblos
intentaban retardar la contribución exigida, complicando el
aprovisionamiento del ejército. Entre 1702 y 1706 se exigieron a Conil
diversas contribuciones. Por ejemplo, el 26 de agosto de 1705 se le
reclaman 50 carretadas de paja para 3 meses de consumo de las unidades
de caballería.
El cabildo solicitó al marqués de Villadarias su condonación
por haber entregado ya cebada a una unidad de Dragones, en tránsito
hacia el campo de Gibraltar, unos meses antes. Ante la resistencia y el
retraso, el marqués apremiaba al Cabildo el 10 de noviembre, de forma
enérgica, exigiendo la pronta ejecución de sus órdenes y recordando
que era obligación del
Cabildo forrajear a la caballería que enviase para que descansara en la
villa. El Cabildo claudicó y acordó el embargo de varios barcos para
enviar la contribución por mar, excusando el retraso del envío de la
paja a Gibraltar en “los malos tiempo de vendavales y lluvias”.
En mayo de 1707, el nuevo Capitán general, Duque de Osuna, ordenó
el envío de 3 de las 4 compañías de milicias de Chiclana y Conil a la
plaza del Puerto de Santa María, para ponerse a las órdenes de D.
Nicolás de Santa María, Coronel del Regimiento de Dragones de Osuna.
La villa intentó de nuevo evitar el servicio, alegando la
pobreza de su vecindario, pero las milicias fueron vueltas a pedir en
septiembre, ante los indicios de un posible ataque enemigo a Cádiz.
Esta vez el argumento utilizado para evitar el servicio era contundente:
Conil había sufrido pocos meses antes un ataque directo de la flota
enemiga. EL ASALTO ANGLO-HOLANDÉS DE 1707 Conil era desde comienzos del s. XVI una villa amurallada y, como otros municipios costeros, fue dotándose desde entonces con una red de vigías para el aviso de ataques y de incursiones de la piratería berberisca, compuesto por las torres del Puerco, Roche, torre Blanca desaparecida) y Castilnovo, comunicadas entre sí y con la Torre de Guzmán en la misma fortaleza de Conil. Pero, como ya vimos, las defensas estaban descuidadas y ruinosas en 1704; tres años después, la situación no había mejorado, lo que provocaba indefensión ante “qualquiera invasión asi de moros como de otros enemigos que ademas de no tener artilleria ni baluartes capaces de poder hacerlo estan arruinadas las mas de las murallas”.
En 1707, tras tener conocimiento del desplazamiento de la flota
aliada desde el Mediterráneo al Atlántico, se recibe una orden del
Duque de Osuna, Capitán General del Mar Océano, instando a que se
pusieran centinelas en las torres de la jurisdicción de la villa con
las siguientes instrucciones: “que
quanto descubrieran el nº de diez belas hicieran de dia una ahumada y
de noche un fuego, que cuando descubrieran nº de 20 belas si fuera de
dia 2 ahumadas y de noche 2 fuegos, …30 belas…3 ahumadas de dia…3
fuegos de noche”. Se indicaba también que estuviesen vigilantes
de las señales provenientes de las torres de las poblaciones vecinas,
desde Tarifa a Chiclana.
En mayo de 1707 Conil sufrió el ataque directo de varios
navíos angloholandeses participantes en el bloqueo que sufrían las
costas gaditanas. Todo ocurrió cuando un barco de aviso procedente de
Indias embarrancó en la playa del Palmar. La descripción de los hechos
la conocemos por la contestación a una Real Orden para un pago
extraordinario del cual se libraban aquellas villas que habían sufrido
el impacto directo de las acciones enemigas, y es esta:
“Aviendo el enemigo invadido esta villa el dia 15 de maio
…pasado con tres navios que se acercaron a tierra siguiendo el aviso
que venia de puertovelo que embarrancaron en esta costa y quemaron las
almadrabas del Exº Sr Duque de Medina Sidonia dueño de esta dicha
villa y la cañonearon y maltrataron sus casas que obligo a las mujeres
y niños a salirse a los campos con gran desconsuelo sin poderlas
socorrer hallándose esta villa en el riesgo de ser saqueada respecto
aber cogido asercarse por dos veces los enemigos que estavan en tierra
tanto a ella que llegaron a tiro de fusil y que no pasaron adelante por
aberles salido algunos hombres de caballo quienes les mataron y no que
se adelantara mas cuia acsion y el pronto socorro que vino de las villas
de Bejer y Chiclana de
mucha gente armada, la qual vieron entrar los enemigos en esta dicha
villa con cuio motivo les obligaron retirarse a la orilla del mar
y que sacaron la embarcación a la pleamar como a la una de la
madrugada y que el fuego de dichos navios duró desde las doce de el dia
15 de mayo hasta la una de la madrugada del siguiente dia que se fueron
llevándose la pressa, como subseso”.
Fuente: Archivo Ducal de Medina Sidonia, Leg. 1050.
Así pues el ataque, de más de doce horas de duración, se saldó
con el bombardeo de la población, el incendio de la almadraba y la
captura del navío español.
Pero la defensa realizada por las
milicias de Conil, Vejer y Chiclana, que aportó 400 soldados, logró
impedir el saqueo de la villa. El duque de Medina Sidonia puso los
hechos en conocimiento del Rey, que ordenó al Capitán General “no
se sacasen a las milicias desta villa... (por) el riesgo que tiene por
su situación”. Así, cuando en mayo de 1708 fueron reclamadas de
nuevo las milicias, volvió a alegarse el ataque de mayo como argumento.
Poco después del asalto, en enero de
1708, se realizó un padrón que ofrece interesantes datos sobre la
organización militar de Conil por esas fechas, que no coinciden con los
que ofrecen las Actas capitulares para los años anteriores. El número
de oficiales y suboficiales que ofrece el padrón nos parece muy
abultado en relación con los pocos vecinos que podían servir en las
milicias concejiles y en la caballería local y parecen el resultado de
una reorganización militar tras el desgraciado suceso de 1707.
También parece que a partir del
asalto el cabildo cuidó más la defensa de la villa y acordó poner
artilleros y centinelas en
dos rondas diarias en las torres de la playa y del pueblo, cuidando su
paga, para que se mantengan “estos ejersisios por lo mucho que
importa a esta villa para la guarda y riesgos de los enemigos
infieles”. LA
CRISIS DE SUBSISTENCIA DE 1709
En este contexto bélico se va a producir, en el año 1709, una
grave crisis de subsistencias, que afectará a toda Andalucía y que
tiene su origen en la carestía originada por la guerra y en las cortas
cosechas de los años anteriores. El invierno de 1708-1709 fue muy frío y lluvioso, lo que provocó la pérdida de las cosechas y una importante subida en el precio del trigo, dando lugar a una gran hambruna en 1709. La crisis humanitaria derivada de esta situación alcanzó su cenit de muerte y devastación en los meses estivales. La presión fiscal y las contribuciones económicas de guerra habían mermado previamente los escasos recursos municipales, cuyos pósitos y graneros que se encontraban desabastecidos.
La reacción del
cabildo de Conil ante esta situación límite fue poco previsora, además
de lenta y tardía. Hasta
1710 no empezó a arrendar las dehesas y otros terrenos concejiles para
permitir a los habitantes más pobres la subsistencia, al contrario de
lo ocurrido en otras localidades gaditanas.
Por ejemplo en Tarifa, que ya realizaba estos repartos de tierras
desde años atrás y donde, durante la peor etapa de carestía
alimenticia, se plantó saína en los terrenos comunales perdidos
de trigo y se amplió el arriendo de tierras comunales. Otro ejemplo, a modo de comparación, es la vecina población de Chiclana. Allí también se sufrieron los devastadores efectos del año 1709, pues hubo 538 fallecimientos (cuando la media anual de años anteriores era de 117) y sólo 127 nacimientos (cuando la media anual era de 211). Pero las autoridades municipales realizaron actuaciones para paliar la crisis alimenticia del verano de 1709.
Ya en febrero se advertía del grave déficit alimenticio de la
población, dado que “se carece de trigo por las malas
cosechas y está el lugar mui nesecitado y manteniéndose con pan de
saina de que redundan graves enfermedades por cuia razón se acordó se
saquen del pósito 30 fanegas de trigo y que se muelan y vendan en pan a
los vecinos y con su producto al tiempo de la cosecha se rreintrega a
dicho pósito”. En mayo, el cabildo decidió que “100
pesos del caudal del trigo que se a vendido, se de a los labradores
desta villa y se repartan a pagarlo el berano al presio que corriere siendo de buena
calidad… y otorgando escriptura para la paga y dando prenda y que la
mayor cantidad que se diese y repartiese de 200 reales…”.
Estas medidas no impidieron el hambre y en agosto la situación
llegó a ser dramática, por lo que se decidió comprar 9.000 reales de
trigo en Jimena de la Frontera.
En respuesta a una solicitud de nuevos soldados por parte del Asistente
de Sevilla, unos meses después, el cabildo informaba que “a causa
de la cortedad de vecindad que se compone de poco mas de 200 vecinos
siendo los mas mui pobres sin tener medios para valerse y otros hallarse
sirviendo a Su Magestad con plazas de soldados de caballo, y que los
pocos mozos que ay se han ausentado”.
Así pues, la población de Conil tocaba fondo. LOS
AÑOS FINALES DEL CONFLICTO, 1710-1711
La indefensión de la villa continuó en 1710: la muralla de Conil seguía sin reconstruirse, aunque la dotación de artillería se había ampliado o renovado tras el asalto de 1707, pues el duque insta a que se nombren dos vecinos “capaces de servir las plazas de artilleros del canon de artillería que esta montado en el castillo de esta villa en ínterin que el duque les despache titulos de tales”.
CONCLUSIONES
La guerra supuso una importante sangría demográfica para la
villa, que se puede cuantificar.
Las Actas capitulares de 1706 dan la cifra de 270 vecinos y las
de 1710 hablan de sólo 200; por su parte, el padrón de 1708 da la
cifra de 307 vecinos. Según estos datos, en los años finales del
conflicto la población de Conil se había reducido en más de la mitad
en relación con los datos del censo de 1693.
No olvidemos que desde 1702, por miedo a una invasión
angloholandesa, una parte considerable de la población de los
municipios costeros gaditanos abandonó sus hogares para refugiarse
temporalmente en villas y ciudades del interior. Y es de suponer que el
fenómeno se repitiese tras el asalto de 1707. A ello habría que sumar
los desertores, los huidos y las muertes (en combate, por penalidades o
por hambre, con un máximo en 1709). La sangría de hombres y de mozos jóvenes
en edad de procrear repercutió
en una continuada disminución de nacimientos entre 1701 y 1709, como
puede apreciarse en la gráfica. Los nacimientos y matrimonios sólo
se recuperan desde 1710-1711, y la mortalidad se mantuvo alta hasta
1712.
Otra consecuencia de la guerra fue el empobrecimiento del
municipio. Los años finales del s. XVII no debieron ser buenos y a
ellos siguieron diez largos años de guerra.
La presión
fiscal se fue incrementando durante el conflicto (alojamiento de tropas,
servicios de paja, contribuciones económicas diversas). A ello hay que sumar la destrucción material (bombardeo de 1707) y la disminución del número de brazos, todo lo cual debió repercutir también en un empobrecimiento de las familias. En resumen, la Guerra de Sucesión tuvo consecuencias muy negativas para Conil pues supuso un importante descenso de la población de la villa y un grave empobrecimiento del municipio y sus habitantes.
Documentación
y bibliografía -ARCHIVO MUNICIPAL DE CONIL DE LA FRONTERA,
Actas Capitulares, Lib. 8, 9 y 10, comprendidos entre las sesiones de 14-XI-1700 y 17-VI-1711 -ARCHIVO PARROQUIAL DE SANTA
CATALINA (Conil de la Frontera): Libro de defunciones nº 1 (1690-1720);
ff. 88-199. Libros de Bautismos, nº 9 (1686-1701), f.152v-ss.; y nº
10-11 (1702-1714). Libro de Matrimonios nº 6 (1694-1704), f.90-ss.; nº
7 (1704-1716), ff. 1-167. -ARCHIVO MUNICIPAL DE CHICLANA DE
LA FRONTERA, Actas Capitulares, caja nº 5: Libro de Actas Capitulares
(1705-1708) y Libro de Actas de 1709. -ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL,
Secc. Nobleza, Osuna, doc. 127 (32): Descripción
de los Estados del Excmo Señor Duque de Medina Sidonia,
Conde de Niebla y de los lugares comarcados. -ARCHIVO DUCAL DE MEDINA SIDONIA,
leg. 1050. Padrón de la villa de Conil, hecho el 18 de enero de
1708, por orden de S.M., que consta de 307 vecinos, inclusos eclesiásticos
y exentos. -ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE
CÁDIZ, Protocolos de Conil,. -SANTOS GARCÍA, A: “El casco
antiguo de Conil: evolución histórica”. Boletín
La Laja, nº 3 (2003). “Defensas de Conil: Las torres
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Francisco: Conil de la Frontera.
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Fiestas en Honor de N.S. de las Virtudes (sep. 1997). “La Tertulia, un patio del
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