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El
siglo XVI es, sin duda, la
época dorada de la pesca del atún. La estadística pesquera conocida,
realizada a partir de los Libros de Almadraba de la Casa Ducal de Medina
Sidonia, muestra una coincidencia básica en los datos, más allá de
cierto baile de números. Las series se inician el año 1525 y concluyen
en la segunda mitad del siglo XVIII: el Extracto de atunes de Sarmiento
termina en 1756, con un añadido hasta 1763; otro que hemos podido
consultar en el Archivo Ducal (A.D.M.S.), prolonga la serie hasta 1768. Tres
décadas prodigiosas, de 1540 a 1570 Las
cifras de mediados del siglo XVI son espectaculares. Tras
la crisis pesquera de comienzos de la centuria, las almadrabas se
recuperan desde los años 20 y 30, alcanzando durante los años 60, las
cifras de pesca más elevadas de toda la historia conocida de las
almadrabas. En esta época, Hoefnagel visita la villa y nos deja el único
testimonio gráfico de
este Conil del Siglo de Oro, a comienzos del reinado de Felipe II. En
el siglo XVI, como en etapas anteriores y posteriores, destacan las
almadrabas de Conil y Zahara. En base a los datos del Extracto de
atunes de Sarmiento, hemos elaborado un gráfico de capturas que
abarca cincuenta años del
XVI (GRÁFICO 1). Las tres décadas centrales del siglo, entre
1540 y 1570, son las de mayor
volumen pesca de toda la historia, sin duda, la edad de oro de Conil y
Zahara. Conviene
hacer una precisión sobre el gráfico: en cinco años los datos
de Zahara están sumados a Conil en las series de Sarmiento (ver Apéndice),
por lo que hemos optado por dividir la pesca
entre ambas almadrabas, dando así mayor coherencia y
verosimilitud al gráfico. Los duques de Medina Sidonia tenían otras
almadrabas secundarias: Conilejo o Castilnovo, Torre de Hércules y
Sancti Petri, pero éstas se armaron pocos años, principalmente a
comienzos y a finales del siglo XVI, cuando las de Conil y Zahara no habían
alcanzado su apogeo o al iniciar su decadencia. El volumen de capturas
de estas almadrabas “menores” es, en todo caso, comparativamente
insignificante. En
las series de Sarmiento, no hay cifras de capturas para todos los años.
En los cincuenta años que comentamos, la almadraba de Conil tiene datos
de 36 temporadas y carece de ellos en 14, por pérdida de los Libros o
por no haberse armado; la de Zahara de los Atunes está mejor
documentada, 43 temporadas. En el CUADRO 1 hemos sumado los atunes
pescados por décadas en Conil y Zahara y dividido el total entre los años
con datos, al objeto de obtener los promedios anuales para cada decenio
en ambas almadrabas.
En general, la almadraba de Zahara pescaba más, aunque durante los años 50 y 70 la de Conil obtuvo promedios anuales algo superiores. Los años 60 son la época más gloriosa en ambas, y de manera especial para Zahara, con promedios anuales que superan ampliamente los 60.000 atunes, siendo su mejor temporada el año 1568, con 73.000 piezas.
La
pesca en su época de apogeo, años 1556 a 1564 En
diferentes momentos del siglo XVIII, por una u otra razón y en relación
con la decadencia que
experimentaba la pesquería por
entonces, los contadores ducales realizaron
certificaciones y extractos de aquella
época mítica que fue el siglo XVI, a partir de los Libros de
Almadraba. Uno de ellos fue el Extracto
de la Pesquería de Atunes, de sus Productos y Gastos entre 1556 y 1563 (CUADRO
2). El Extracto que comentamos fue realizado con minuciosidad a partir de los libros y papeles de la Contaduría, con anotación del número de folio y libro correspondiente para cada dato y aporta interesantes cifras globales. En Zahara, el quinquenio anotado abarca años consecutivos, 1556-1560, pero “los años de Conil no van seguidos, por falta de libros”, abarcando una etapa más amplia, de 1556 a 1563. En las series de Sarmiento faltan efectivamente los datos de 1557 y 1561, pero sí aparece el número de atunes pescados en 1559: 63.281 piezas, quizás el segundo mejor año del siglo en Conil, tras los 65.312 atunes del año 1556. CUADRO
2.- ATUNES, VALOR Y GASTO DE LA ALMADRABA DE CONIL, años 1556 a 1563
Los
datos del último año, 1563, coinciden básicamente con los que aporta
Araceli Guillaume a partir del Libro de Almadraba de ese año (ver Boletín
La Laja nº 7), con dos importantes excepciones en el valor y el gasto
total: el primero más reducido (15.160.834 mrs.) y el segundo más
crecido (1.432.983 mrs.), que matizan algo a la baja el magnífico
balance del año: 13.176.547 mrs. (16.376.668 mrs., según la
Certificación del siglo XVIII) (GRÁFICO 2).
El
valor de la almadraba de Conil durante el quinquenio que
comentamos tiene una clara tendencia al alza. La causa no fue el
incremento de la pesca, que sufrió las
lógicas oscilaciones, sino
el aumento de los precios de venta (¿inflación de la segunda mitad del
XVI, mayor demanda?...). Lo que “quedaba libre”, es decir, el
beneficio de las ventas de atún, sal, barriles... fue enorme en
esos años, aunque oscilaba al alza o a la baja dependiendo,
lógicamente, de la cantidad de atunes pescados y de la mayor o menor
cuantía de los gastos. En
todo caso, como señala Araceli Guillaume, es muy difícil hacer un
balance económico fidedigno de las almadrabas, pues algunas partidas de
gastos, que habría que descontar, no aparecen reseñadas en los Libros,
dada la fuerte integración de todo lo que rodeaba a la actividad
pesquera en el funcionamiento general del Ducado. Si
comparamos las cifras globales, llama la atención que la rentabilidad
de Zahara, con una pesca similar, fue mucho menor a la de Conil en esos
años. En el quinquenio que estudiamos, el valor de la pesca en Conil
fue 1,4 veces mayor y el gasto
1,8 veces menor que en Zahara, siendo los beneficios 2,6 veces
superiores (5.690.209 mrs. de más), según los propios contadores
ducales (CUADRO
2). CUADRO
2.- BALANCE
DE LA PESCA, AÑOS 1556 a 1563
En
general, los gastos en Zahara fueron superiores en estos años, sin que
sepamos la razón, pero ello solo explica parcialmente la enorme
diferencia en los beneficios. Ante estos datos, cabría preguntarse: ¿se
pagaba igual el atún en ambas almadrabas?; ¿pescó Zahara en dichos años
atunes más pequeños?; ¿era más barata de armar la almadraba de Conil,
ubicada junto a un núcleo de población, que la de Zahara, situada en
despoblado?. Si comparamos solo los tres años en que poseemos datos de
ambas almadrabas vemos que, en 1556, cada atún rindió en Conil 131,64
mrs. por 123,27 en Zahara; en 1558, 197,09 en Conil por 166,62 en Zahara;
y en 1560, 185,19 en Conil por 146,13 en Zahara. En reales, el atún
habría valido en Conil de promedio 15,58 reales por 13,22 en Zahara,
aunque -como dice Araceli Guillaume- los precios eran muy fluctuantes a
lo largo de la temporada e incluso en cada jornada de pesca.
Ciertamente, en los años 1556 y 1560 los gastos de Zahara fueron muy
superiores a los de Conil, pero en 1558 ocurrió lo contrario y, sin
embargo, la pesca siguió siendo más productiva en Conil.
Dejemos aquí solo apuntada esta interesante cuestión. Los
gastos de Conil sólo se detallan en dos años: 1556 y 1563, destacando
los salarios de la Gente de mar y tierra. En 1563 aparecen sólo tres
conceptos, suponiendo los salarios más del 54% del gasto (seguramente
incluyen los pagos a toneleros, saladeras y sueldos de capitán etc, que
en el primer año aparecen desglosados). En 1556, sumados estos gastos
(suma que no coincide con el total), supusieron algo más del 53%. Es
decir, los salarios, en metálico y especie, suponían algo más de la
mitad del gasto total. Los “gastos ordinarios” (que aparecen como
“gastos menores” en 1563) representaron en ambas ocasiones en torno
a un 25% del total (harina comprada para hacer el pan, y suponemos que
redes, embarcaciones o pertrechos diversos...). La sal, finalmente, era
comprada por el duque para salar en la Chanca y también venderla a los
compradores que acudían. Para los años restantes, los gastos fueron
bastante superiores, sobre todo en 1558 y 1562, sin que conozcamos la
causa, pues no están especificados en la certificación. En
Conil, los principales compradores de atún eran los grandes mercaderes.
En 1556 concurrieron a comprar atún en la almadraba 34 mercaderes, 19
en 1558, 24 en 1560, 18 en 1562 y 30 ó 33 en 1563 según la certificación,
es decir, unos 25 cada año como media. Estos aparecen relacionados con
su nombre y el valor de su compra, y procedían de lugares muy diversos.
En el año 1563, Araceli Guillaume nos hace una detallada relación de
los mismos, en la que predominan los mercaderes catalanes y, en menor
medida, mallorquines y valencianos. Estos eran los compradores al por
mayor, pagando al parecer dos veces, una “a cuenta” (suponemos que
antes de la pesquera, como fianza para asegurar la compra) y el resto,
la mayor parte, durante la temporada. Por
el contrario, a Zahara acudían menos mercaderes y la mayoría de las
ventas aparecen en el concepto de atunes vendidos a pequeños
compradores, “por menor”, que adquirían pequeñas partidas que van
de uno o dos atunes a más de un centenar, que salaban por su cuenta en
pequeñas chancas, independientes de la de la Casa Ducal. Esta partida
es la segunda en importancia en Conil. Los
menudos de atún se cortaban en La Chanca por cuenta del Duque y suponen
una cantidad comparativamente pequeña. Pero desconocemos la cantidad
real de pesca que pasaba por esta gran fábrica. Solo tenemos alguna
información del año 1558, cuando se saló en la Chanca un mínimo del
13% de la pesca (unos 7.500 atunes), pero desconocemos si los atunes
vendidos a los mercaderes lo eran en fresco o ya salados y embarrilados,
o en qué proporción. Una
técnica pesquera espectacular No
podemos hacernos una idea completa de la pesca en estos años si
desconocemos la técnica de la almadraba de tiro, de orígenes remotos.
De ella tenemos descripciones literarias del siglo XVI (Pedro de Medina,
Agustín de Orozco, Pérez de Messa), del siglo XVII (Suárez de
Salazar, fray Jerónimo de la Concepción), del siglo XVIII (Sáñez
Reguart, Antonio Ponz) y hasta del siglo XIX (Miravent), pero ninguna de
ellas posee un grado de precisión suficiente, comparada con la Explicación
de la almadraba de tiro (1765) del A.D.M.S., verdadera joya
documental, acompañada además de magníficos dibujos ilustrativos (que
ya hemos reproducido en los Boletines nº 3 y nº 7 de La Laja).
Verdadera sinfonía, producto del saber acumulado, caracterizada por la
rapidez, la precisión y la sincronización de los movimientos. La
maniobra con la almadraba de tiro de Conil se inicia con el cerco de
sedales, que podemos sintetizar así: a) los atalayas, ubicados en
torres, avistan los atunes que se acercan costeando en grandes cardúmenes
y hacen señales con banderolas a los de las barcas; b) las barcas,
ubicadas la mayoría en la mar, realizan una primera maniobra de cerco.
Ésta se inicia desde la “daza” o “dara”, un anclote en que están
apostadas dos de ellas que, siguiendo instrucciones del Atalaya, parten
en direcciones contrarias: el Boliche de levante rema hasta tierra y la
barca Segunda hacia el mar, rodeando los atunes; c) una vez que éstos
van entrando en el cerco, el Boliche de poniente lo cierra, remando
desde la playa hacia adentro, hasta cruzarse con la barca Segunda.
Entretanto, los barcos Calones realizan maniobras complementarias,
resguardando boquetes, estirando o cosiendo las redes, y apaleando el
agua con los remos, para impedir que los peces escapen. Una
vez completado el cerco de sedales, si los atalayas ven venir otro
“bol” de atunes importante, pueden mandar hacer una bolichada,
abriendo de nuevo los sedales hasta que el nuevo golpe de atunes entre
en el cerco. Se trata de una maniobra complicada y que debe hacerse con
rapidez y pericia, para evitar que los atunes ya cercados puedan
escapar. Concluida
la bolichada y rehecho el cerco, se inicia o completa el largado de la
cinta, que se cala desde la barca Primera, donde va el Armador
mayor. Esta barca sale de tierra por levante, rodeando los sedales y
realizando un segundo cerco que asegura la pesca. Concluido éste, la
barca segunda y los boliches van recogiendo sus artes, poniéndose en
situación de volver a realizar un nuevo lance. Entretanto,
gran número de “ventureros” o “paraleros”, ejecutan desde la
playa la operación de tiro, halando de la red por ambos cabos hasta
acercar los atunes a la playa. En la orilla del mar y metidos en el agua
hasta la cintura, los “cloqueros” enganchan los atunes por la cabeza
con sus garfios o cloques hasta sacarlos a tierra. Mientras, otros
“paraleros” los cargan en carretas tiradas por bueyes hacia la
Chanca, donde serán subastados o pasarán a la fábrica para ser
salados y embarrilados. Fuera
del quinquenio comentado, hemos consultado en el Libro de Almadraba del
año 1564 el número de
boles de la almadraba de Conil, que fueron 122, para una pesca de 49.409
piezas.
Nosotros, en el GRÁFICO 3, solo hemos recogido el número de boles o golpes de atunes capturados, que están distribuidos así: hubo 5 días con 6-7 boles, 12 días con 4-5, 14 días con 1-3 y otros 14 sin ninguno, contados a partir del primer día de pesca. Es muy interesante observar el pasaje de los atunes, que alcanza su momento cenital en la segunda quincena del mes de mayo, que es cuando se produce el mayor esfuerzo pesquero de la temporada, con varias jornadas en que llegan a realizarse hasta 6 y 7 boles por día. Verdaderamente esos días no se paraba en la playa ni en la mar, y el personal que se empleaba en las tareas de la almadraba, sumando los gremios de mar, la gente de playa y el personal de la Chanca podía superar las 2.000 personas. La almadraba de tiro era ciertamente un espectáculo.
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